El Emotivismo Moral de David Hume: Fundamentos de la Ética y la Simpatía

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El Emotivismo Moral de David Hume

Por tanto, los juicios morales no encuentran su fundamento ni en las relaciones de ideas ni en las cuestiones de hecho. Para Hume, todos los filósofos que han tratado seriamente las cuestiones éticas han incurrido en lo que él llama la falacia naturalista, que es aquella que se comete cuando se intenta pasar del “es” al “debe ser”.

El Sentimiento como Fundamento de la Moral

El fundamento de la moral se encuentra en un tipo determinado de impresiones a partir de las cuales se forman los juicios morales. Cuando emitimos un juicio de valor (“esto es correspondiente”, “esto es injusto”) o un juicio normativo (“esto se debe hacer” o “esto no se debe hacer”), lo que en realidad estamos haciendo es expresar los sentimientos que nos produce ese hecho; es decir, expresar si nos agrada o nos desagrada.

Y cuando expresamos nuestro agrado ante un hecho es porque consideramos que en él hay algún elemento de corrección o de virtud moral. Por ejemplo, cuando emitimos un juicio moral como “no debes robar”, lo que en el fondo queremos decir es algo así como “me desagrada que robes”.

¿Universalidad en los Sentimientos?

Ahora bien, ¿es posible fundamentar normas universales y necesarias a partir de los sentimientos? ¿Son los sentimientos idénticos para todo ser humano o varían según la manera de ser de cada uno? Para responder a esta pregunta, Hume analiza las virtudes que componen lo que es considerado por todos un buen carácter y concluye que la aprobación de determinadas cualidades es universal. Entre ellas destacan:

  • Amabilidad
  • Alegría
  • Inteligencia
  • Generosidad
  • Cortesía

Estas cualidades despiertan en todos los seres humanos un sentimiento de agrado.

La Simpatía y la Utilidad Pública

Pero, ¿cuál es el elemento común a todas estas virtudes sociales y que las hacen merecedoras de un sentimiento de agrado por parte de todos los seres humanos? Su “inclinación hacia los demás”, una generosa preocupación por los congéneres. El hombre posee un sentimiento de simpatía hacia los demás que le mueve a actuar con benevolencia y a reconocer aquellas virtudes que son de “utilidad pública”.

Así pues, Hume fundamenta la ética no en el conocimiento, sino en un sentimiento moral, que no es sino un tipo especial de sentimiento de satisfacción o insatisfacción (agrado o desagrado) producido por la consideración del carácter de una persona, que promueve el bien de la humanidad. Por eso la ética humeana se conoce como “emotivismo moral”, porque está basada en un cierto tipo de emoción o sentimiento, compartido por todo el género humano.

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