Emperadores Romanos: De Tiberio a Domiciano
7,11 Tiberio gestionó el imperio con enorme cobardía y grave crueldad, avaricia criminal y vergonzosa lujuria. Él mismo nunca luchó, llevando a cabo las guerras a través de sus legados. Nunca envió a ciertos reyes llevados junto a él por sobornos, como Arquelao el Capadocio, de quien convirtió el reino en provincia y ordenó que la ciudad más grande fuese llamada por su nombre, Cesarea, antes llamada Mazaca. Este, en el año vigésimo tercero de su imperio, a los setenta y ocho años, murió en Campania con gran alegría de todos.
7,12 Le sucedió César, de apodo Calígula, nieto de Druso, el hijastro de Augusto, y del propio Tiberio, criminalísimo y funestísimo, y el que había de purgar los crímenes de Tiberio. Asumió la guerra contra los Germanos y, habiendo avanzado a Suevia valientemente, no hizo nada. Cometió incesto con sus hermanas, de una tuvo además una hija. Ensañándose contra todos con gran avaricia, lujuria y crueldad, fue asesinado en Palacio a los veintinueve años, en el decimotercer mes de su mandato y en el octavo día.
8,1 En el año ochocientos cincuenta desde la fundación de la ciudad, siendo cónsules Vetere y Valente, la república regresó a su estado más próspero, iniciando una gran felicidad para los príncipes. Así pues, Nerva sucedió a Domiciano, horrible tirano, hombre moderado y valiente en la vida privada, de media nobleza. Este, muy anciano, colaborando Petronio Segundo, el perfecto del pretorio, y también Partenio, asesino de Domiciano, fue nombrado emperador. Se mostró justísimo y civilísimo. Veló por la república con divina provisión, adoptando a Trajano. Murió en Roma después de un año, cuatro meses y ocho días de su mandato, a los setenta y un años de edad, y fue referido entre los dioses.
7,23 Luego Domiciano tomó el imperio, el hermano más joven del anterior, más similar a Nerón que a Calígula o Tiberio, y menos a su padre o a su hermano. Sin embargo, en los primeros años fue moderado en el mando, luego, habiendo avanzado hacia enormes vicios de lujuria, ira, crueldad y avaricia, concitó tanto odio hacia sí mismo que anulaban los méritos de su padre y de su hermano. Mató a los más nobles del senado. Él fue el primero que ordenó que fuese llamado señor y dios. No permitió que ninguna estatua, a no ser de oro y plata, le fuese colocada para él en el Capitolio. Mató a sus primas. La soberbia en él también fue abominable. Tuvo cuatro expediciones: una contra los Sármatas, otra contra los Catos y dos contra los Dacos. Tuvo un doble triunfo sobre los Dacos y los Catos, pero sobre los Sármatas tuvo una victoria laureada. Sin embargo, padeció muchas calamidades en las mismas guerras; pues en Sarmacia su legión fue asesinada con el jefe, y Opido Sabino, el consular, y Cornelio Foco, el prelecto del poeta, no fueron asesinados por los Dacos con grandes ejércitos. También hizo muchas obras en Roma, entre estas el Capitolio y el foro transitorio, el pórtico de los dioses, el templo de Isis y el estadio. Pero al haber empezado a ser odioso para todos por sus crímenes, fue asesinado por una conjura de los suyos en Palacio a los cuarenta y cinco años de edad, a los quince de mandato. Su cadáver fue llevado con gran deshonor a través de enterradores y sepultado innoblemente.