La Encrucijada Moral de la Modernidad: Desafíos y Transformaciones Sociales
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El Problema Moral de la Modernidad
La modernidad tiene ya siglos de existencia, pero seguimos inmersos en ella. Los problemas han ido variando, pero los principios que se establecieron en aquellos años siguen afectándonos hoy (por ejemplo, la Reforma de Lutero, entre otros), y su espíritu permanece intacto.
Vivimos en sociedades modernas. La modernidad se define como un tiempo nuevo que posee, entre sus múltiples características, las siguientes:
La Experiencia del Cambio
Vivimos en sociedades que nos mantienen sobreestimulados y en constante movimiento, carentes de estabilidad. Como señaló Marx, «todo lo sólido se disuelve en el aire», describiendo la modernidad como un mundo líquido. Sennett, por su parte, habla de la «corrosión del carácter». Es una sociedad en la que se pierde seguridad a cambio de libertad, bajo la premisa de «el cambio para progresar».
El Individuo como Centro
La modernidad está centrada en el individuo, en sus libertades y derechos. Ofrece la promesa de que el individuo puede alcanzar la felicidad aquí y ahora. Felicidad, igualdad y derechos constituyen el triángulo básico de la modernidad. Los derechos no se ganan; son inherentes a la persona desde el nacimiento.
Un Proyecto Moral de Sociedad
La modernidad es un proyecto moral de sociedad.
La Búsqueda Utópica
La modernidad es el ensayo de una sociedad utópica. Esto genera insatisfacción en las personas, ya que no se puede alcanzar ese «cielo» o esos sueños que la modernidad promete.
Irracionalidad y Emociones
El mundo moderno no es puramente racional; a menudo es irracional, basado en emociones.
Moralidad vs. Ética
Mucha moral y poca ética.
Disolución de la Comunidad
Se ha disuelto el concepto de comunidad (Sennett argumenta que el capitalismo fomenta una vida individualista).
En contraste, la antigüedad o el «tiempo viejo» de Occidente se caracterizaba por conceptos como la verdad, la comunidad, el deber y la virtud. Estos principios difieren radicalmente de la modernidad, que se presenta como su antítesis. La modernidad, en cambio, promueve un relativismo en cuanto a la verdad, donde cada individuo posee «su verdad». La noción de bien y mal objetivo se disuelve, ya que todo se reduce a un juicio de conveniencia (como argumentó Hobbes). No existe una moral objetiva ni un terreno común de virtudes en el que todos puedan estar de acuerdo; todo se resuelve a través de emociones y sentimientos, lo que algunos denominan un sentimentalismo tóxico.