El Enigma de Ízaro: Romance Prohibido y Tragedia en la Costa Vasca

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El Enigma de Ízaro: Un Romance Prohibido en la Costa Vasca

Tras la profanación del convento de Ízaro, tres nuevos frailes llegaron para residir en él. Fue en otoño cuando uno de ellos, fray Adalberto, el más joven, durante sus visitas limosneras, llegó a una casa en el camino hacia Guernica. Allí vivía Sebastiana de Barandica, una joven y bella viuda.

Un Amor Clandestino y la Sospecha Paterna

Pronto, el fraile y la viuda se enamoraron perdidamente. Sin embargo, al enterarse el padre de Sebastiana de que un fraile la visitaba, le prohibió abrirle la puerta. Esto no detuvo a los amantes, quienes comenzaron a verse a escondidas. A medianoche, la amada encendía siempre una luz, señal para que fray Adalberto saliera, saltando la tapia del convento y lanzándose a las aguas para cruzar a nado la distancia que los separaba del litoral.

Continuaron así hasta que al padre de Sebastiana le llegaron rumores sobre los encuentros nocturnos entre su hija y fray Adalberto. Decidió espiarles, confirmando sus sospechas: los jóvenes se encontraban a escondidas.

La Trágica Desaparición de Fray Adalberto

Un día, el padre de Sebastiana ideó un plan macabro: desvió la luz del farol para guiar al joven hacia una zona del mar con peligrosos precipicios, logrando así que el fraile acabara muriendo ahogado.

En el convento, notaron la ausencia de fray Adalberto. El padre guardián se dirigió a Bermeo para investigar lo sucedido. El padre de Sebastiana le confesó cómo había engañado al joven, y juntos intentaron dar con el cuerpo. Al no hallarlo, decidieron difundir la noticia, y todo el pueblo comenzó a buscarlo en lanchas, botes, etc.

Fue por la tarde cuando Marcial, un ciudadano que se había unido a la búsqueda y buceaba, comenzó a gritar, afirmando estar atrapado por un pulpo gigante. Finalmente, hallaron su cuerpo sin vida, y días después tuvo lugar su entierro.

El Misterio de Sebastiana y la Cueva

Meses más tarde, Joaquín, Moncho y María volvieron a viajar a la cueva. Al final de su relato, Joaquín confesó haber visto a Sebastiana en la cueva, la misma viuda que había conducido al fraile a una muerte trágica tras seducirlo.

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