Escatología Cristiana: Resurrección, Juicio y Destinos Eternos

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El Modo de la Resurrección

Respecto al modo de la resurrección se afirma: "Todos resucitaremos, mas no todos seremos mudados", es decir, glorificados (1 Corintios 15, 51). Cristo, además, "transformará nuestro cuerpo abatido para hacerlo conforme al suyo glorioso" (Filipenses 3, 21).

La Muerte: No es el Final Absoluto

La muerte no es el fin definitivo, pues:

  • "Por un solo hombre (Adán) entró el pecado en este mundo, y por el pecado la muerte" (Romanos 5, 12).
  • "Donde caiga el árbol, al sur o al norte, allí quedará" (Eclesiastés 11, 3).

El Señor nos advierte en la Escritura que la muerte llegará como un ladrón, es decir, cogiéndonos desprevenidos. La experiencia prueba que con muchísima frecuencia acontece así (Lucas 12, 39 y 40).

Necesidad de Obrar con Rectitud

La advertencia divina es clara respecto a la vida vivida:

"Os estuve llamando y no me respondisteis; menospreciasteis todos mis consejos y ningún caso hicisteis de mis reprensiones; yo también miraré con risa vuestra perdición, y me mofaré de vosotros cuando os sobrevenga lo que temíais, cuando la muerte se os arroje encima como torbellino" (Proverbios 1, 24 ss).

El Juicio Particular

Dios juzgará nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones. Se nos recuerda que "daremos cuenta hasta de una palabra ociosa" (Mateo 12, 36).

La Condena Eterna (El Infierno)

La Enseñanza de la Iglesia sobre el Infierno

La Iglesia siempre ha enseñado la existencia del Infierno:

  1. "Las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al Infierno, donde son atormentados con penas infernales" (Benedicto XII, Const. 'Benedictus Deus', Dz 531).
  2. "Los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que hayan rechazado hasta el final, serán destinados al fuego eterno que nunca cesará".
  3. Pablo VI lo recordó con el "Credo del Pueblo de Dios" (n. 12): "los que hayan rechazado hasta el final, serán destinados al fuego que nunca cesará".
  4. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe insiste en que: "La Iglesia, en una línea de fidelidad al Nuevo Testamento y a la tradición, cree en el castigo eterno que espera al pecador, el cual será privado de la vida de Dios, y en la repercusión de esta pena en todo su ser" (Sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, carta del 9-V-1979).

Penas del Infierno

Dios retribuirá a cada uno según sus obras:

  • "Dios dará a cada uno según sus obras" (Romanos 2, 6).
  • "Cuanto se ha engreído y regalado, dadle otro tanto de tormento y llanto" (Apocalipsis 18, 7).

Eternidad de las Penas

Leemos en el Apocalipsis: "serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (14, 10). Dios dirá a sus reprobos: "Id malditos, al fuego eterno". Jesucristo lo nombra "el suplicio eterno" y "el fuego que nunca se extingue" (Mateo 25, 41-46).

El Purgatorio

Definición Conciliar y Práctica de la Oración

El Concilio de Trento enseña:

"La Iglesia Católica enseña que hay un purgatorio y que las almas allí retenidas reciben alivio por los sufragios de los fieles, principalmente por el santo sacrificio de la misa" (Dz 983).

Además, "es cosa santa y saludable el rogar por los difuntos a fin de que sean libres de sus pecados" (2 Macabeos 12, 46). Si no hubiera purgatorio, esta práctica no sería santa y saludable, sino inútil, pues ni las almas del cielo necesitan oraciones, ni las del infierno pueden aprovecharlas.

Visión sobre la Reforma y la Solidaridad

La Reforma, en teoría, no admite el purgatorio, por consiguiente, las oraciones por los difuntos. Sin embargo, en la práctica, al menos los luteranos alemanes han vuelto a ellas, justificándolas con algunas consideraciones teológicas. El Cardenal Ratzinger señaló:

"Las oraciones por los propios allegados son un impulso demasiado espontáneo para que pueda ser sofocado; es un testimonio bellísimo de solidaridad, de amor, de ayuda que va más allá de las barreras de la muerte" (Cardenal Ratzinger, Informe sobre la fe, BAC, 1985, p. 162).

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