Escrache y derechos humanos: por qué la agresión a domicilios no resuelve la crisis política
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Reflexión sobre el escrache
Voy a ser directo: el escrache es una aberración. Uno no puede ir a casa de una persona y empezar a increparle, tirar piedras a su casa y pegar panfletos en su fachada.
Existe algo llamado derechos humanos, que establece que todas las personas tienen derecho a una vida privada, incluso las personas públicas que salen en los medios. No solo vulneran estos derechos, sino que además infringen varias leyes relacionadas con el derecho a manifestarse.
Además de pisotear diversas normas, ¿es moral ir a casa de una persona a increparle e incluso utilizar la violencia? Bajo mi punto de vista, no. Mi filosofía, entre otras cosas, es el respeto hacia los demás. Y vosotros diréis: pero los políticos no nos respetan al proletariado y nos llevan a la miseria. Puede que sí, que los políticos no estén haciendo las cosas bien. ¿Pero ello justifica la agresión hacia su propiedad y su vida privada?
Un político, además de político, es un ciudadano, con sus derechos y deberes.
¿Sirven los escraches para algo?
Otro punto de vista es: ¿los escraches van a ayudar en algo? De ninguna manera; los políticos seguirán con sus propuestas, como hasta ahora. Cuando millones de personas salen a la calle e invaden la Gran Vía, se hace mucho más daño. Una caza de brujas no ayuda para nada.
Percepción internacional y consecuencias económicas
Otra cosa es cómo nos ven en el exterior. ¿Creéis que se percibe bien en el resto de Europa este tipo de cosas? Los inversores huirán espantados viéndonos; no creo que se fíen de un país donde se tiran piedras a los políticos y donde la gente entra a los supermercados y se lleva los productos así, por la cara.
Responsabilidades compartidas en la crisis
Vivimos en un país aún lejos de la salida de la crisis, y no solo los políticos son responsables de esta situación. ¿Cuántas personas no pagaban sus impuestos y hacían trabajillos en negro? Muchas. ¿Cuántas personas tenían más de tres casas para especular con ellas? Muchas. ¿Cuántos bancos engañaban con letras muy pequeñas a los ciudadanos? Muchos. ¿Cuántas personas hacían cualquier cosa para intentar no pagar impuestos? Muchísimas. Estas cosas nos pasan factura, señores.
Conclusión y llamado a la responsabilidad
Este es un país de opereta y empezar con los escraches no es la solución a ninguno de nuestros males. Hace falta más seriedad, cojones. Un cambio de mentalidad.