La España del siglo XIX: Transformación social y económica tras la Guerra de Independencia

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Durante este período, España parte de una situación desfavorable debido a las devastaciones causadas por la Guerra de Independencia y la Primera Guerra Carlista. Fernando VII no adoptó medidas significativas, y las anticuadas estructuras políticas, económicas y sociales, ancladas en la monarquía absoluta y la sociedad estamental, permanecieron inalteradas.

El Sector Agrario

El agro español estaba atrasado, con baja productividad agrícola. Las desamortizaciones y la desvinculación de mayorazgos provocaron una compra-venta masiva de tierras, aumentando la producción por la puesta en cultivo de nuevas tierras, pero no la productividad.

Los compradores fueron antiguos miembros de la nobleza terrateniente y hombres de negocios. Muchos de estos nuevos propietarios no invirtieron en nuevas tecnologías para aumentar el rendimiento de los cultivos. ¿Cómo obtenían beneficios con una productividad tan baja? De dos maneras:

  • Cultivando la mayor superficie posible de sus latifundios.
  • Empleando mano de obra abundante y barata.

Los minifundistas tampoco invirtieron en nuevas técnicas agrícolas debido a:

  • La falta de superficie suficiente para justificar tales inversiones.
  • La escasez de capital.

El balance de las reformas liberalizadoras en el agro español puede resumirse en cuatro puntos:

  1. El Estado alivió la financiación de la deuda pública.
  2. Se configuró una burguesía terrateniente que incorporó a la antigua nobleza.
  3. Apareció un proletariado agrícola de más de dos millones de campesinos.
  4. Aumentó la producción agrícola, pero insuficiente para alimentar a una población en continuo crecimiento, perpetuando las crisis de subsistencia.

El Asentamiento del Nuevo Modelo Social

Con la muerte de Fernando VII (1833), comenzó el proceso hacia el asentamiento definitivo del nuevo modelo de sociedad organizada en clases sociales. Según la doctrina liberal, todos los hombres eran iguales en derechos y aspiraciones, pero sus capacidades y actitudes determinaban su lugar en la escala social. Mérito y esfuerzo eran los nuevos criterios para el ascenso o descenso social, materializados en la propiedad.

El derecho de participación política, regulado por el sufragio censitario, excluía a la mayoría de los ciudadanos. La aristocracia mantuvo su vigencia social, siendo objeto de admiración e imitación. Conservaron sus propiedades, aunque los mayorazgos y los señoríos jurisdiccionales fueron suprimidos definitivamente.

La Iglesia y la Burguesía

La Iglesia, privada de gran parte de sus riquezas por la desamortización, dependió económicamente del Estado liberal. Su pastoral sirvió a los fines políticos liberales, promoviendo la paz para el asentamiento del nuevo orden.

La burguesía fue decisiva para la victoria de Isabel II y el asentamiento de su reinado. La alta burguesía imitó a la nobleza, a la que se asimiló mediante matrimonios o concesiones de títulos. Se benefició de:

  • Los procesos desamortizadores.
  • Los negocios vinculados a la industrialización.

Apoyaban el liberalismo moderado y un poder monárquico fuerte para asegurar el orden y la prosperidad económica.

Los Campesinos y el Carlismo

Los campesinos mostraron fuerte oposición a las desamortizaciones, que afectaban directamente sus condiciones de vida. Muchos se unieron al carlismo. La aplicación de las desamortizaciones empobreció a unos dos millones de campesinos.

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