Estilo concertante e instrumentos del Barroco: evolución y funciones (siglos XVI–XVIII)

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Estilo concertante

La primera mitad del siglo XVII persistió el llamado stile concertato, que significa la utilización de varias voces que se hacen oír simultáneamente sin perder su personalidad. El nuevo estilo se plasmó en las tres grandes formas:

  • Suite
  • Sonata
  • Concierto

Esto supuso darle primacía a una voz (el superius), encargada de traducir musicalmente el texto poético. Aún no habiendo texto, el compositor asumía estos principios, destacando en primer plano una o varias partes solistas, sostenidas en primer plano y en segundo plano por un acompañamiento que recibe el nombre de bajo continuo.

Funciones y desarrollo del bajo continuo

Este acompañamiento se desarrolló durante el siglo XVI y la primera mitad del XVII, y desapareció hacia 1750–1770. La realización del bajo continuo corría a cargo de los intérpretes. Las partes intermedias del bajo continuo debían suponer un mero relleno, sin gran interés, y por ello quedaban en un segundo plano.

Instrumentos en el periodo barroco

En el periodo barroco existía una relación muy estrecha entre instrumento y clase social. Durante el Barroco, ciertos instrumentos vivieron sus últimos momentos de esplendor (laúd, viola de gamba, clavecín), algunos siguieron evolucionando (violín) y nacieron otros nuevos (clarinete, fagot y pianoforte, aunque su verdadero desarrollo tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XVIII).

La familia de los violines experimentó un crecimiento durante los siglos XVIII y XIX. Los instrumentos podían reunirse en los conciertos, pero la designación de los solistas no resultaba precisa. El principio imperante durante este periodo fue el intercambio entre instrumentos de la misma tesitura, según los recursos disponibles.

Timbre, partitura e intérpretes

Hasta la segunda mitad del siglo XVII los compositores no mostraron verdadero interés por la noción de timbre y no utilizaron los instrumentos en función de su color sonoro. En la partitura solo se indicaba el esquema melódico general, sostenido por un bajo cifrado; eran los intérpretes quienes debían determinar el tempo adecuado, adornar la melodía, variar las repeticiones, restaurar la frase, la dinámica y la articulación, realizar el bajo e incluso elegir los instrumentos para la interpretación.

Además de las formaciones de cámara, los instrumentos podían agruparse también en bandas.

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