Estructura Social en la América Colonial: Jerarquías y Dinámicas
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En la sociedad colonial, las élites buscaban mantenerse unidas, preservar su identidad cultural y permanecer cerca del poder. Allí recrearon la sociedad castellana y se rodearon de atributos que hacían visible su posición social. Una gran preocupación fue la de ubicar a cada individuo en su lugar dentro del esquema social establecido.
Los Criollos: La Cúspide de la Pirámide Social
Los criollos, hijos de españoles nacidos en América, se encontraban en la cúspide de la pirámide social. Eran encomenderos, hacendados, comerciantes y mineros ricos, quienes controlaban la mano de obra indígena, la tierra y el subsuelo. Con el tiempo, fueron creando una extensa red de parentesco entre ellos y con los peninsulares. Formaron una nobleza del dinero, aunque no solían conseguir títulos nobiliarios y la mayoría se conformaban con el hábito de una orden militar.
Es importante destacar que no todos los blancos hicieron fortuna; también se podían encontrar los llamados “blancos de orilla”, quienes vivían como clientes de otros o practicaban algún oficio urbano de menor prestigio.
Los Peninsulares: Autoridad Real y Eclesiástica
Los funcionarios y clérigos eran, en su mayoría, peninsulares, con la misión primordial de implantar la autoridad real y la fe católica en las colonias. Este grupo era más mixto en cuanto a su procedencia social, pero todos participaban del prestigio y poder de la autoridad a la que representaban, lo que les otorgaba una influencia superior a la que les correspondería por su origen.
El Mestizaje: Uniones, Identidad y Desafíos Sociales
El mestizaje no estuvo regulado por una legislación específica. La Corona y la Iglesia se limitaron a resolver los problemas legales, la perturbación social y la cristianización de los vástagos resultantes de estas uniones. Los mestizos fueron fruto de uniones libres entre españoles y mujeres indígenas, motivadas por diversos factores como la soledad del conquistador, la escasez de mujeres españolas, una distinta concepción de la familia por parte de los indígenas o la libre elección de las parejas.
El resultado de estas uniones fue la aparición de un "segundo hogar" en Indias para aquellos que habían dejado su familia legal en la península, o para quienes preferían una unión menos comprometida.
Con la excepción de los "mestizos reales" (hijos de nobles indígenas y españoles), la mayoría estuvo marcada por el estigma de su ilegitimidad. Su estatus social nunca fue plenamente reconocido, y se debatieron entre el deseo de asimilarse al grupo del padre, que a menudo los rechazaba, y el de la madre, que ellos mismos rechazaban, sin lograr actuar como un puente cultural entre ambos mundos.