Etapas y Desarrollo de la Guerra de la Independencia Española
Las fases de la Guerra de la Independencia
Es preciso situar la Guerra de la Independencia en el contexto de las guerras napoleónicas:
- El ejército francés era más numeroso y estaba mucho mejor preparado, pero Napoleón tendrá que atender otros frentes paralelos.
- El ejército español será claramente inferior en preparación, mandos y armamento, pero tendrá todo el apoyo popular, que se concretará en la guerrilla. Además, ingleses y portugueses lucharán conjuntamente con los españoles para derrotar a los franceses.
Primera fase: De mayo a octubre de 1808
Durante este periodo se producen insurrecciones en todos los pueblos y ciudades españolas. Los franceses logran ocupar algunas, pero en otras fracasan aun después de sitiarlas (Zaragoza y Gerona), al tiempo que salen derrotados de las batallas del Bruch (6 de junio) y Bailén (19 de julio), en la que el general Castaños, sorprendentemente, derrota a Dupont, y Torres Vedras (30 de agosto). El ejército invasor se verá así obligado a retirarse al norte del río Ebro. Al mismo tiempo, el ejército inglés de Wellesley derrota al mariscal Junot y obliga a los franceses a evacuar Portugal.
Segunda fase: Octubre de 1808 - julio de 1812
Ante esa sorprendente situación inicial, pues se preveía una invasión mucho más sencilla, Napoleón en persona viene a España junto con una tropa profesional de 250.000 hombres. Toda la Península, a excepción de Cádiz, Lisboa y algunas regiones apartadas como Murcia y Huelva, será ocupada. La resistencia se mantiene gracias a las guerrillas.
Tercera fase: Julio de 1812 - diciembre de 1813
La presión guerrillera y la ofensiva de Wellington al frente de un ejército anglo-luso-hispano expulsa a los franceses salvo de Cataluña, destacando las batallas de Arapiles (julio de 1812) y Vitoria (junio de 1813).
Napoleón, que está teniendo también problemas en el frente europeo de Leipzig, decide poner fin al conflicto mediante el Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813). Por este tratado, Francia reconoce la integridad territorial de España y a Fernando VII como rey, a cambio de que España no le ataque en los Pirineos. También en el tratado se garantiza la inmunidad de los afrancesados.
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