Ética Clásica: El Conflicto Filosófico entre el Intelectualismo Moral de Platón y el Relativismo Sofista

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Ética en la Filosofía Clásica: El Debate entre Platón y el Relativismo Sofista

1. La Ética Platónica y el Intelectualismo Moral de Sócrates

Este fragmento se extrae de La República de Platón, centrándose específicamente en el ámbito de la ética. Es innegable la profunda influencia de su maestro, Sócrates, quien defendía el principio del intelectualismo moral: una vez alcanzada la sabiduría, el ser humano se comportaría necesariamente de manera virtuosa.

1.1. La Búsqueda de Definiciones Universales

Sócrates buscaba conocer la definición universal del Bien, la Justicia y la Virtud para establecer un criterio objetivo que determinara un comportamiento justo. Platón coincidía con esta premisa: el conocimiento de las Formas (como la Virtud o el Bien) conduciría a actuar justamente. Este conocimiento era la vía para alcanzar el bien común y, por ende, una sociedad feliz y libre de malas acciones.

Tanto Sócrates como Platón sostenían que quien cometía malas acciones lo hacía por ignorancia, pues si supiera que algo está mal, no lo ejecutaría. La virtud, para ellos, estaba intrínsecamente ligada a la sabiduría. Platón opinaba que para actuar y gobernar de forma justa se debía conocer la esencia de:

  • La Virtud
  • El Bien
  • La Justicia

2. El Desafío del Relativismo Moral Sofista

Por el contrario, destaca el relativismo moral sofista, que niega la posibilidad de alcanzar el conocimiento de cualquier principio moral universal y objetivo.

2.1. La Subjetividad de la Moral

Para los sofistas, el Bien y lo Justo dependen intrínsecamente de cada individuo o de la cultura. Lo que es bueno y justo para una persona puede no serlo para otra. Esta postura se resume en la célebre máxima de Protágoras:

"El hombre es la medida de todas las cosas."

De esta manera, toda verdad es subjetiva y todo principio moral es relativo.

2.2. Crítica Platónica al Relativismo

Este planteamiento fue duramente criticado por Platón, ya que, al carecer de un acuerdo universal que defina la Justicia, se vuelve imposible distinguir una conducta justa, un gobierno legítimo o unas leyes equitativas. Platón observaba que los sofistas, mediante la retórica y un buen discurso, podían persuadir y manipular a los ciudadanos para que leyes que solo beneficiaban a sus intereses triunfasen, incurriendo así en la corrupción al facilitar su propio beneficio.

3. Reflexión Crítica y la Perspectiva Aristotélica

3.1. La Limitación del Intelectualismo (Opinión del Autor)

Desde una perspectiva crítica, el planteamiento sofista parece más realista, ya que lo bueno y lo justo dependen de la percepción individual y pueden variar drásticamente según la situación o el contexto cultural. Por ejemplo, lo que para nosotros es despreciable (que un hombre pueda casarse con más de una mujer) para otras culturas se justifica por motivos religiosos o tradicionales. Por ello, no podríamos afirmar que nuestra postura es inherentemente correcta o incorrecta, pues para ellos su acción está justificada.

Además, la premisa platónica de que nadie actúa mal a sabiendas no siempre se sostiene. Es posible conocer el Bien y, sin embargo, actuar mal, a menudo motivados por la supervivencia. Si una persona carece de recursos para alimentarse, roba comida para poder sobrevivir, aun sabiendo que está mal.

3.2. La Síntesis de Aristóteles: Conocimiento y Experiencia

Aristóteles, en cambio, plantea que el conocimiento y la experiencia deben ir unidos para poder actuar correctamente. Esta visión es fundamental, pues el mero conocimiento teórico no garantiza la acción virtuosa o eficaz. Por ejemplo, un profesor puede poseer un vasto conocimiento de física, pero si carece de la experiencia o la habilidad pedagógica para explicarlo, su acción (enseñar) no se realiza de manera óptima o "buena".

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