Ética, felicidad y conocimiento: la razón, la fe y el escepticismo en San Agustín
Clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 2,54 KB
Ética, felicidad y conocimiento en San Agustín
La ética como saber práctico y la felicidad
La ética es un saber práctico, dirigido a la acción que desvela el carácter. Cada ser posee un carácter que condiciona su conducta. Cada ser pretende el bien, la felicidad, en conformidad con su naturaleza. La felicidad consiste en la vida buena, la cual se alcanza en el ejercicio de la función que le es propia a cada ser. Lo que caracteriza al ser humano es su razón, de ahí que logre su pleno desarrollo mediante la contemplación intelectual. La felicidad reside en el ejercicio de la actividad específica de cada ser. Cuando el hombre desarrolla sus capacidades, logrará ser dichoso y habremos de considerarlo virtuoso.
Fe y razón según San Agustín
San Agustín estima que solo por la fe se puede llegar a una comprensión acertada de la realidad. San Agustín está orientado a hacer accesibles racionalmente los contenidos de la fe, apoyándose en la filosofía neoplatónica y en Plotino. Colaboran tanto la fe como la razón de la siguiente manera:
- La razón ayuda a comprender que creer o aceptar la fe no es absurdo.
- La fe nos descubrirá la auténtica realidad, inaccesible a la sola razón.
- La razón se esfuerza en hacer inteligibles los contenidos de la fe.
Escepticismo, duda y conocimiento de sí
San Agustín se sintió interesado por el escepticismo, que niega la posibilidad de alcanzar certeza alguna. Aunque no tengamos certeza de la existencia de los objetos sensibles, al menos estamos seguros de nuestra propia existencia. Si dudáramos de la existencia de los objetos e incluso de la de Dios, el hecho mismo de la duda nos mostraría que existimos, ya que no podríamos dudar si no existiéramos.
Podríamos engañarnos al pensar que existimos, pero si no existiéramos no podríamos engañarnos, y, por tanto, si me equivoco existo. Así pues, parece incuestionable que la mente tiene un conocimiento de sí misma y por sí misma sin la intervención de los sentidos.
En este conocimiento seguro que la mente tiene de sí misma y por sí misma fundamenta San Agustín la validez del conocimiento. Se hacen evidentes las verdades matemáticas o los principios del entendimiento, como el de no contradicción. Interiorizándose en sí misma, la mente encontrará en ella las ideas o verdades inmutables, que no pueden proceder del conocimiento sensible.