La Evolución Artística de Velázquez: Etapas y Obras Maestras del Genio Barroco
Clasificado en Arte y Humanidades
Escrito el en
español con un tamaño de 3,13 KB
La Trayectoria de Diego Velázquez: Un Recorrido por sus Etapas Creativas
Primera etapa madrileña
Llamado a la corte por el Conde-Duque de Olivares, Diego Velázquez impresiona de inmediato al rey Felipe IV, quien lo nombra pintor real. En este periodo, realiza una serie de retratos del rey y de los miembros de la Corte, caracterizados por la representación de los pies en ángulo recto. También acomete su interpretación de Demócrito y el Bufón Calabacillas, mostrando en todos ellos un profundo interés por la captación del carácter del representado y abandonando progresivamente los tonos ocres y terrosos de sus primeras pinturas. Su obra más importante de este periodo es El Triunfo de Baco, también conocido como Los Borrachos.
Primer viaje a Italia
En este viaje entra en contacto con los grandes maestros, de quienes asimila diversos recursos para profundizar en su evolución pictórica. Abandona los últimos vestigios del tenebrismo y estudia con particular atención el desnudo y la perspectiva aérea. La pintura que resume todos sus logros de esta etapa es La fragua de Vulcano.
Segunda etapa madrileña
Durante su segundo periodo en Madrid, son esencialmente reseñables los varios retratos de la familia real y el Bufón Pablo de Valladolid. Es en este momento cuando inicia la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, un proyecto que comparte con otros autores y para el que pintó obras maestras como La rendición de Breda (o Las lanzas), el Retrato de Felipe IV a caballo y el del Príncipe Baltasar Carlos a caballo, donde desarrolla con gran madurez el tratamiento aéreo del paisaje.
En su famoso Retrato del Conde-Duque de Olivares a caballo, emplea una pincelada muy suelta para la configuración de ciertos detalles del personaje y para la plasmación de la perspectiva. Pinta también los lienzos Esopo y Menipo, donde los personajes son representados casi como mendigos, y toda una serie de bufones, de entre los que destaca El Niño de Vallecas.
Segundo viaje a Italia
Este viaje fue un encargo del rey para adquirir cuadros destinados a la colección de la corona. Allí pinta el Retrato del Papa Inocencio X, de una profunda captación psicológica, y los dos pequeños paisajes de La Villa Médici, donde la técnica, precursora del impresionismo, aparece plenamente formulada. De singular importancia en esta etapa es La Venus del espejo, obra con la que introduce el desnudo femenino en su producción. La figura está enmarcada por ricas telas que potencian su belleza; su postura de espaldas y el rostro reflejado en el espejo generan un punto de misterio en la composición. El espejo, además, es el símbolo de la apariencia, de la vanitas de un mundo que se transforma con el paso del tiempo.