La Evolución de la Escritura del Yo: Memorias y el Género Epistolar en la Literatura Moderna

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Las Memorias: La Escritura del Yo

Este género se da cuando el autor escribe sobre su vida. Los hechos que se cuentan son reales y el personaje principal coincide con el autor real. La escritura del yo abarca diversos subgéneros:

  • Vidas
  • Autobiografías
  • Recuerdos
  • Impresiones
  • Diarios

Un ejemplo notable son las Memorias de Casanova, que constituyen un modelo de memorias novelescas que contienen viajes y peligros. Casanova fue autor de varias obras importantes.

El Hito de Rousseau

Entre 1782 y 1789 se publicó la obra que alumbró una nueva forma de hacer memoria de la propia vida: nos referimos a las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau.

Pero el género de las memorias (como ocurre casi siempre con todos los géneros) no se dejará encasillar fácilmente. Pronto su estructura y su forma fueron aprovechadas por los escritores para escribir narraciones ficticias, hecho que se producirá sobre todo en la novela inglesa, la cual se encuentra en plena madurez y es, además, el género preferido por la clase media.

Memorias Ficticias y Reputación

Ficticias o no, las memorias fueron también un excelente vehículo literario donde hacer aparecer ambientes y personajes de dudosa reputación. Es el caso de la famosa autobiografía Fanny Hill: Memorias de una cortesana, publicada por John Cleland (1709-1789) hacia 1750. Esta novela fue escrita con una prosa elegante y depurada, y recoge algunos de los planteamientos sentimentales vigentes desde Samuel Richardson, cuyos sensibles personajes femeninos son provocativos y a la vez inocentes.

La Carta: El Género Epistolar

El género narrativo en prosa se diversifica en distintos temas y géneros; el de más éxito de público fue el epistolar. Existían ilustres antecedentes de poetas clásicos que habían asumido la forma epistolar para hacer hablar a los personajes, por ejemplo, Ovidio, y filósofos antiguos como Séneca.

El siglo ilustrado asume elementos de la novela y profundiza en la psicología de los personajes. Lo epistolar resulta muy adecuado para la controversia por el propio desarrollo de la novela, por dos razones fundamentales:

  1. Didáctica: El contraste de opiniones permite el cambio de punto de vista y el examen crítico y contrastado, tan del gusto de los ilustrados.
  2. Subjetividad: El lector tiende a identificarse con el «yo» que se refleja de manera subjetiva. Este vivir se acerca, además, a la nueva sensibilidad de fin de siglo.

La Carta y la Idea: Montesquieu

Montesquieu, fino observador, encarnaba el intelectual lleno de curiosidad por todas las materias y culturas, sobre todo las orientales. Su obra Las Cartas Persas se basa en la comparación y la crítica mediante el contraste, escrito de forma elegante y entretenida.

Unos persas viajaban por Francia intercambiando cartas con algunos amigos y conocidos. En ellas se habla de lo divino y de temas de interés para un lector curioso de la época: las costumbres familiares, los viajes, etcétera.

Carta y Sentimiento: Rousseau

La epístola conquista también el territorio de la novela. El autor exige que su lector se implique en lo que lee de manera incondicional hasta identificarse totalmente con la respuesta emocional que se le presenta (Rousseau).

Un ejemplo clave es Julia, o la Nueva Eloísa, cartas de dos amantes que vivieron en una pequeña ciudad al pie de los Alpes, recogidas y publicadas por Rousseau. De estructura sencilla, una enamorada (la protagonista) inicia con este una gran relación epistolar a través de cientos de cartas escritas por varios personajes. En ellas se hacen reflexiones sobre la belleza, la moral, la virtud, el arte, etcétera.

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