Evolución del Liberalismo en España: Progresistas frente a Democráticos

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Liberalismo Progresista vs. Liberalismo Democrático: Evolución Política en la España del Siglo XIX

El Liberalismo Progresista en el Reinado de Isabel II

Durante el reinado de Isabel II (décadas de 1830-1860), el liberalismo progresista representó la corriente más avanzada dentro del marco isabelino. Surgió en un contexto de enfrentamiento constante entre moderados y progresistas, bajo marcos constitucionales como los de 1837 y 1845.

Sus principales características fueron:

  • Objetivo político: Ampliar el marco constitucional y los derechos, manteniendo siempre la monarquía liberal.
  • Soberanía: Se definía como una soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.
  • Sufragio: La Constitución de 1837 reconocía ciertos derechos y libertades, pero mantenía el sufragio censitario.
  • Base social: Se sustentaba en la burguesía media urbana, profesionales liberales y sectores reformistas.
  • Religión y Estado: Defendían la religión católica oficial, aunque con una tolerancia moderada hacia otras creencias.
  • Modelo territorial: Aplicaban un centralismo con ciertos matices descentralizadores.

En definitiva, las reformas impulsadas por esta corriente fueron progresistas pero limitadas, buscando ampliar los derechos de una forma controlada y gradual.

El Liberalismo Democrático y el Sexenio Revolucionario

Tras la Revolución Gloriosa de 1868 y durante el periodo conocido como el Sexenio Democrático, surgió el liberalismo democrático. Esta corriente buscaba democratizar el régimen de manera profunda y ampliar la participación ciudadana a niveles inéditos hasta entonces.

Los pilares de este movimiento, consolidados en la Constitución de 1869, incluían:

  • Soberanía Nacional: El poder emanaba directamente de la nación.
  • Sufragio Universal Masculino: Una ruptura total con el modelo censitario anterior.
  • Derechos y Libertades: Reconocimiento de derechos amplios, destacando la libertad de prensa y el derecho de asociación.
  • Base social: Su apoyo se extendía a las clases medias bajas, sectores obreros y la pequeña burguesía.
  • Libertad de Culto: Fue reconocida oficialmente, rompiendo la exclusividad católica.
  • Reformas Administrativas: Aunque se mantuvo el centralismo, el sistema se abría a nuevas reformas administrativas y sociales.

Estas reformas fueron claramente rupturistas respecto al sistema isabelino, intentando situar al ciudadano en el centro del poder político.

Balance Final: Diferencias Clave y Legado

En balance, las diferencias fundamentales entre ambas corrientes se encuentran en la amplitud de los derechos, el modelo electoral y el peso político otorgado a la ciudadanía.

Mientras que el liberalismo progresista pretendía reformar el sistema isabelino desde dentro y sin romperlo, el liberalismo democrático abrió un nuevo ciclo histórico basado en el sufragio universal masculino y mayores libertades civiles. Sin embargo, la experiencia democrática del Sexenio fue breve (1868-1874), marcada por una gran inestabilidad política, divisiones internas y fuertes presiones sociales.

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