Evolución del Teatro Español del Siglo XX: De Buero Vallejo a Federico García Lorca
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Claves del Teatro de Antonio Buero Vallejo
- El uso de personajes históricos que fracasan en su empeño por alcanzar una sociedad más justa y libre, para reflexionar sobre el presente: Esquilache, en Un soñador para un pueblo (1958); Velázquez, en Las meninas (1960); Goya, en El sueño de la razón (1970); o Larra, en La detonación (1977).
- La presencia de elementos simbólicos, como en el drama En la ardiente oscuridad.
- Los efectos de inmersión, que sitúan al espectador en la conciencia de los personajes: En la ardiente oscuridad, El concierto de San Ovidio (1962) y La fundación (1974).
El Teatro de Federico García Lorca
García Lorca es, junto con Rafael Alberti, el principal dramaturgo de la Generación del 27. En su obra dramática se pueden distinguir cuatro bloques: las primeras obras, las farsas, el teatro de vanguardia y el teatro mayor.
Clasificación de las Obras Dramáticas Lorquianas
- Primeras obras: El maleficio de la mariposa (1921) y Mariana Pineda (1927).
- Farsas:
- Obras para guiñoles: Tragicomedia de Don Cristóbal y la Señá Rosita (1922) y Retablillo de Don Cristóbal (1928).
- Obras para personas: La zapatera prodigiosa (1930) y Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933).
- Teatro de vanguardia, experimental o simbólico: Así que pasen cinco años (1931) y El público (1930).
- Teatro mayor: Incluye Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935), recreación del tema de la solterona, tratado por Arniches en La señorita de Trevélez, y las tres tragedias de la Trilogía dramática de la tierra española: Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936).
Características Comunes en la Producción de Lorca
En la producción dramática de Lorca se reconocen algunas características fundamentales:
- El tema fundamental es la frustración o insatisfacción que nace del choque entre dos fuerzas: el deseo de libertad, de plenitud erótica y vital (encarnado casi siempre por personajes femeninos), y la realidad que se opone a su cumplimiento.
- El empleo del verso y la prosa: Algunas obras están íntegramente en verso; en otras se alternan prosa y verso. El verso permite condensar el tema de la obra o subrayar los instantes de mayor intensidad emotiva.
- La importancia de los signos no verbales, desde una concepción del teatro como espectáculo total.
- El uso de un lenguaje intensamente poético, saturado de símiles, metáforas y símbolos, habituales también en la obra lírica del autor.