El Éxodo de Israel: Moisés, el Mar Rojo y los Diez Mandamientos en el Desierto

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El Paso del Mar Rojo

El faraón permitió la salida de los israelitas de Egipto, dirigidos por Moisés y guiados por una columna de nube que durante el día era oscura y por la noche luminosa. Envió un ejército que les dio alcance a orillas del Mar Rojo. Moisés extendió su brazo hacia el mar y se levantó un viento que dividió las aguas, permitiendo el paso a los hebreos. Los egipcios quedaron sepultados gracias a un nuevo levantamiento del brazo de Moisés que los dejó bajo las aguas.

Entrada de los Hebreos en el Desierto: El Maná

El pueblo de Israel llegó al desierto del sur, donde debía andar durante cuarenta años antes de establecerse en la Tierra Prometida. Los hebreos empezaron a murmurar contra Moisés y Aarón, pero Dios les oyó e hizo caer bandadas de codornices. Al día siguiente, la tierra se cubrió con una capa de rocío. Cuando se evaporó, vieron unos granos parecidos a la escarcha. Los israelitas lo llamaron maná, un alimento blanco. Cada madrugada caía del cielo para que tomasen lo que iban a necesitar, y se repitió todos los días hasta que llegaron a la Tierra de Promisión.

Los Hebreos en el Sinaí

Transcurridos tres meses desde la salida de Egipto, el Señor llamó a Moisés a la cima del monte Sinaí para decirle: «Habéis visto de qué manera os he sacado de Egipto; si oís mi voz y guardáis mi alianza con fidelidad, seréis mi pueblo escogido».

Los israelitas aceptaron, y les ordenó que preparasen a los hebreos durante tres días. Pasado ese tiempo, el monte se cubrió con una densa nube de la que salían truenos y relámpagos. Moisés atrajo a todos al monte, y Dios descendió por medio del fuego e hizo que Moisés subiera a la cumbre. Allí se oyó la voz de Dios, que dio a su pueblo los Diez Mandamientos.

Los israelitas juraron que los guardarían, y Moisés subió al monte donde Yahvé le entregó el Decálogo escrito en dos tablas de piedra (las Tablas de la Ley). Al descender del monte, vio a su pueblo adorando un becerro de oro, y rompió las tablas y castigó a los culpables. Con el tiempo, les perdonó y volvió a subir a la cima donde recibió otras tablas de la ley iguales, y su pueblo vio el resplandecer de la cara de Dios y de su frente salían dos rayos luminosos.

Moisés empezó a construir un tabernáculo que les serviría de templo hasta la llegada a la Tierra Prometida, y el Arca de la Alianza como símbolo de la alianza establecida entre Dios y su pueblo.

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