Expansión de la crisis de 1929: efectos sectoriales y territoriales de la Gran Depresión
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La expansión sectorial de la crisis
La crisis se fue extendiendo por todos los sectores de la economía y los afectó gravemente. Desde Estados Unidos se extendió al resto del mundo.
La quiebra bursátil se convirtió pronto en financiera. El pánico afectó a la banca, ya que tenía unos inversores que no podían deshacer sus créditos y unos ahorradores que corrieron a rescatar sus fondos. Muchos bancos se arruinaron. Del sector financiero, la crisis se extendió a la economía productiva. La paralización de créditos y las quiebras bancarias afectaron a la financiación de la industria y limitaron el consumo de los ciudadanos. Muchas fábricas cerraron ante la disminución de la demanda y la imposibilidad de seguir abasteciéndose.
La industria estadounidense pasó a una situación de sobreproducción y acumulación excesiva de existencias que asfixiaban las finanzas de las empresas. La debilidad de la demanda facilitó la bajada de los precios, la caída de los beneficios y el cierre de un número creciente de empresas industriales. El campo vio acentuadas sus dificultades. El descenso de los precios y de la demanda llevaron a la ruina a muchos campesinos. Expulsados de sus tierras, acudieron a las ciudades en busca de trabajo, pero el paro crecía rápidamente. La consecuencia más significativa de la crisis fue el incremento del paro.
Efectos principales
- Desplome del sector financiero y quiebras bancarias.
- Paralización del crédito y caída del consumo.
- Sobreproducción industrial y cierre de fábricas.
- Ruina agrícola y migración campo‑ciudad.
- Aumento masivo del desempleo.
La expansión territorial
La crisis se extendió rápidamente por todo el mundo. Los primeros países a los que llegó la crisis fueron los que basaban su economía en la producción de materias primas.
Entre 1930 y 1931, la depresión llegó a Europa. La causa del estallido de la crisis en Austria y Alemania fue la repatriación de los capitales estadounidenses. A finales de 1931, las quiebras bancarias se extendían por todo el continente. Reino Unido se vio inmerso en la crisis en septiembre de 1931. La desconfianza respecto a la libra obligó a emplear oro de sus reservas para sostenerla en el mercado internacional. Al final, el Reino Unido devaluó la libra, obligado a renunciar a la convertibilidad de su moneda respecto al patrón oro. En su caída, la libra arrastró a numerosas monedas. La URSS, al estar aislada económicamente del resto de los países, no sufrió las consecuencias de la depresión.