Explorando el Ensayo: Desde sus Raíces Renacentistas hasta la Ilustración Española
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El Ensayo: Orígenes, Características y Evolución Histórica
Orígenes y Definición del Ensayo
El ensayo surgió en la época del Renacimiento (siglo XVI) como un género literario en prosa, al margen de las formas establecidas por Aristóteles (lírica, épica y dramática). Posee un marcado carácter didáctico, es decir, su objetivo principal es enseñar desde un punto de vista personal, singular y original. Aborda una gran variedad de aspectos de la vida. El ensayista, buscando ser divulgativo, evita el uso de un lenguaje excesivamente técnico. Su obra no está dirigida a un público masivo, sino a un público culto al que propone una reflexión personal sobre el tema elegido. El término «ensayo» comenzó a difundirse ampliamente en el siglo XVIII.
Michel de Montaigne: El Padre del Ensayo
El primer gran cultivador de este género fue Michel de Montaigne, un influyente escritor francés del Renacimiento. Él tituló Ensayos a una recopilación de apuntes literarios en los que reflejó su visión del mundo y su opinión sobre diversos temas, sentando las bases del género.
Características Fundamentales del Ensayo
El valor intrínseco del ensayo no reside en la extensión o cantidad de información, sino en la novedad del enfoque que el autor confiere al tema elegido. Su objetivo primordial es ofrecer de forma atractiva opiniones personales, con la finalidad de convencer al lector e incitarle a una profunda reflexión. Para lograrlo, el ensayo debe poseer coherencia interna, es decir, claridad en su exposición; además, debe cuidar meticulosamente su expresión y emplear un lenguaje estéticamente elaborado que capte y mantenga el interés del lector.
El Ensayo en el Siglo XVIII: El Neoclasicismo y la Ilustración
El siglo XVIII fue un período de profundas reformas en España. Durante la época de Carlos III (mediados del siglo), se impulsaron significativas transformaciones en la economía y la cultura. El país experimentó un fuerte impulso modernizador, enmarcado en el concepto del Despotismo Ilustrado («todo para el pueblo, pero sin el pueblo»), donde las reformas importantes se implementaban desde las esferas superiores del poder.
El creciente interés de los escritores por el progreso y la educación fue un motor fundamental para el desarrollo del ensayo y el teatro en esta centuria.
Benito Jerónimo Feijoo: Pionero de la Divulgación
El primer ensayista contemporáneo de relevancia fue Benito Jerónimo Feijoo. Su obra se caracteriza por un tono personal y un lenguaje claro, abordando una gran variedad temática, sobre todo problemas prácticos y cuestiones de la vida cotidiana. Feijoo defendió con vehemencia la búsqueda de la verdad mediante la razón y la experiencia, combatiendo supersticiones y prejuicios.
Gaspar Melchor de Jovellanos: El Pensador Político
Otro destacado ensayista de la época fue Gaspar Melchor de Jovellanos, considerado el principal escritor político de su tiempo. Abordó con profundidad temas sociales y políticos; la vasta variedad de sus cuestionamientos se debió a su profunda cultura y su compromiso con la reforma del país.
José Cadalso: Crítico y Renovador
José Cadalso fue uno de los primeros escritores que se propuso fusionar las nuevas ideas de la cultura europea moderna con la rica tradición cultural española. Su obra más conocida es Cartas marruecas, un conjunto de breves ensayos epistolares en los que reflexiona sobre la realidad social e histórica de España. Lo hace a través de las cartas que el viajero marroquí Gazel, junto a su amigo, envían a su maestro. Cadalso utiliza un estilo personal combinado con una elegante ironía. Los diferentes puntos de vista de los personajes le permiten defender las ideas ilustradas y cuestionar el inmovilismo y la falta de progreso del país.