Fábulas de Esopo: Sabiduría Clásica y Lecciones de Vida

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Compendio de Fábulas Clásicas: Ética y Enseñanza

La perdiz y el cazador

Uno, tras cazar una perdiz, quería sacrificarla: ésta le pedía ser dejada libre y le proporcionaría muchas perdices al cazador. Y el cazador dijo: "Por eso precisamente te voy a sacrificar yo, porque quieres tender emboscadas a tus congéneres". La fábula demuestra que los que traicionan a los amigos ellos mismos caen en sus asechanzas.

La rana y la zorra

Estando en cierta ocasión una rana en una charca y gritando a todos los animales: "Yo soy médico conocedor de remedios", una zorra, al oírla, dijo: "¿Cómo vas a salvar tú a otros, sin curarte a ti misma que estás coja?". La fábula demuestra que el que es profano en educación, ¿cómo va a poder educar a otros?

La gallina de los huevos de oro

Uno tenía una gallina que ponía huevos de oro. Y creyendo que había un cúmulo de oro, tras matarla, la encontró similar a las restantes gallinas. Éste, esperando que encontraría un montón de dinero, también se vio privado de aquel poco. La fábula demuestra que es necesario tener bastante con lo presente y huir de la insaciabilidad.

La guerra y la soberbia

Todos los dioses se casaron cada uno con quien había obtenido en un sorteo. La guerra se quedó para el último lote. Y solo pudo obtener a la soberbia. Enamorada extraordinariamente de ella, la acompaña a todos sitios dondequiera que fuera. Que, donde se dirigía la Soberbia, o en la ciudad o entre los pueblos, la guerra y las batallas la acompañan detrás de ella. Esta alegoría resalta cómo la arrogancia precede inevitablemente al conflicto.

La cigarra y las hormigas

En la estación de invierno, unas hormigas aireaban el trigo mojado. Y una cigarra hambrienta les pedía comida. Y las hormigas le dijeron: "¿Por qué durante el verano no reunías también tu comida?". Y ésta dijo: "No estaba ociosa, sino que cantaba de forma inspirada". Y estas, riéndose, dijeron: "Pero si en el verano tocabas la flauta, en invierno baila". La fábula demuestra que es preciso que uno no esté despreocupado en todo asunto, para no ser víctima de aflicción y no ponerse en peligro.

El macho cabrío y la vid

Un macho cabrío roía la yema en un brote de vid. Y la vid le dijo a este: "¿Por qué me haces daño? ¿Es que no hay hierba fresca? Del mismo modo, cuanto vino necesiten cuando tú seas sacrificado, yo lo proporcionaré". La fábula censura a los ingratos que quieren defraudar a los amigos.

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