Factores Biológicos de la Agresión: Hormonas y Neurotransmisores

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La Influencia de Hormonas y Neurotransmisores en la Conducta Agresiva

El estudio de la testosterona y su relación con la agresión ha ocupado una parte significativa de los estudios y revisiones en torno a la influencia de los factores biológicos sobre la conducta agresiva. En concreto, la testosterona ha sido analizada en dos sentidos: por un lado, su papel en el desarrollo de las estructuras corporales (ej., músculos, altura, etc.), y por otro, su rol como instigador de la agresión (Anderson y Huesmann, 2003). Actualmente, nadie pone en duda que la testosterona, así como otras hormonas como los estrógenos y andrógenos, contribuyen a crear diferencias físicas entre las personas. Estas diferencias físicas podrían ser un factor instigador de la agresión, por ejemplo, cuando el blanco es percibido como más débil. Sin embargo, si hablamos de una relación directa entre los niveles de testosterona y la conducta agresiva, las evidencias no son demasiado sólidas.

Inconsistencia en la Correlación Directa entre Testosterona y Agresión

Los resultados han sido inconsistentes y los metaanálisis muestran que solo existe una pequeña correlación entre ambas variables (Book et al., 2001; Ramírez, 2003), lo que no permite extraer conclusiones claras. De hecho, los resultados procedentes del metaanálisis de Book, Starzyk y Quinsey (2001) han sido recientemente cuestionados por la nueva exploración que Archer, Gram-Kevan y Davies (2005) han realizado sobre los mismos estudios del análisis original. Los primeros encontraron una correlación positiva, aunque pequeña (r=.14), entre agresión y testosterona. Los segundos, si bien mantuvieron la dirección de la correlación, hallaron que esta era más reducida de lo que se sugirió en el metaanálisis original (r=.08). Otros resultados, como la asociación entre testosterona y edad, y las correlaciones entre agresión y testosterona por sexo, también varían entre los dos estudios, aunque siguen incidiendo en la relación positiva entre ambas variables (Book y Quinsey, 2005), por pequeña que esta sea.

La Relación Recíproca: Testosterona y Conducta Agresiva

A pesar de ello, no existen evidencias suficientes para establecer una clara conclusión con respecto al efecto de la testosterona sobre la conducta agresiva. Es importante destacar que su relación también puede ser conceptualizada como recíproca: mientras el incremento de la testosterona puede intensificar la agresión, la conducta agresiva por sí sola también puede elevar los niveles de testosterona (Mazur & Booth, 1998).

Neurotransmisores y Agresión: El Papel de la Serotonina

Por otro lado, las investigaciones también se han preocupado por examinar el efecto que determinados neurotransmisores tienen sobre la conducta agresiva. Entre ellos, el estudio de los niveles de serotonina ha vuelto a cobrar importancia durante los últimos años (McEllistrem, 2004; Liu, 2004). Si bien no todos los estudios han podido replicar los mismos resultados, sus conclusiones apuntan a que los bajos niveles de serotonina correlacionan con altos índices de agresión a lo largo del ciclo vital. De acuerdo con ello, jóvenes y adultos envueltos en repetidos actos de agresión y violencia tienen dificultades para inhibir sus respuestas ante una provocación o estímulo agresivo, a consecuencia de un déficit de serotonina.

Otros Factores Biológicos Predisponentes a la Agresión

Además de la genética y la actividad hormonal, se han estudiado otros factores biológicos que pueden predisponer a la conducta agresiva. Entre estos estudios destacan los que relacionan la agresión con las asimetrías cerebrales, así como distintas disfunciones en la región prefrontal (Rohlfs y Ramírez, 2006). Asimismo, se consideran las complicaciones durante el nacimiento y la influencia de deficiencias nutricionales, dado el impacto que ambas variables pueden tener sobre el desarrollo de las funciones cognitivas (Liu, 2004).

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