La Fe que Obra por el Amor: Libertad y Gracia en Cristo Jesús
La Fe que Obra por el Amor
Por Pastor Óscar Enrique Tenes Payeras
Introducción
Todo lo que hacemos dentro del cristianismo y basándonos en el evangelio tiene que ser fundamentado en el amor. Recordemos que el amor de Dios ya ha sido derramado en nuestros corazones (Romanos 5:5). El apóstol Pablo dijo: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» (1 Corintios 13:13). Por consiguiente, nuestro andar debe estar cimentado en amor, evitando toda clase de controversias y contiendas que nada bueno acarrean.
Una de las cosas que debemos tener presente es que de nada vale si nuestro caminar en Cristo no se fundamenta en el amor. Pablo señaló que la circuncisión y la incircuncisión nada valen; es decir, si no hay amor, no hay nada. Lo que nos debe mover en el caminar cristiano debe ser el amor. Los corintios lo tenían todo: poseían muchos o todos los dones, además de toda ciencia; sin embargo, Pablo no les pudo hablar como a espirituales (1 Corintios 3:1). Esto ocurrió por la carencia de amor que existía en ese pueblo, a pesar de que era una comunidad religiosa por excelencia.
La Libertad en Cristo Jesús
En Gálatas 5:1-6 se nos enseña:
«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor».
Cristo nos hizo libres: ningún hombre nos libertó, nos liberta o nos libertará. Asimismo, tampoco el mero conocimiento nos hizo libres; esta es una función que únicamente Cristo puede llevar a cabo. Jesús declaró: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6). Además, la Biblia afirma: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Entendamos primeramente que la verdad es Cristo. De acuerdo con estos enunciados bíblicos, la verdad es Jesucristo y quien nos hace libres es Él; por consiguiente, separados de Él nada podemos hacer.
La Gracia Frente a la Ley
Ahora bien, estos versículos establecen que si alguien pretende en este tiempo cumplir la ley, entonces de nada sirve lo que Cristo consumó en la cruz. Lo que Él llevó a cabo en la cruz nos posicionó a todos sus hijos como:
- Bendecidos: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual» (Efesios 1:3).
- Completos: «Y vosotros estáis completos en él» (Colosenses 2:10).
- Justificados y redimidos: Él nos ha sido hecho sabiduría, justificación, santificación y redención (1 Corintios 1:30).
Un aspecto trascendental para todo hijo de Dios es que debemos basarnos en el decreto divino. Por tanto, nosotros seguimos la incircuncisión, es decir, el evangelio dado tras el acontecimiento de la cruz del Calvario. Formamos parte del pueblo gentil, ya que no nacimos judíos para seguir la circuncisión —que representa la ley de Moisés vigente antes de la cruz y que fue culminada por Cristo Jesús (Romanos 10:4)—. No obstante, recalcamos esto sin ánimo de marcar divisiones entre nosotros y los demás hermanos.
Superar la Religiosidad y Vivir el Evangelio
El problema actual de diversas organizaciones cristianas radica en haber transformado el cristianismo en un sistema religioso. Este es el motivo por el cual el cuerpo de Cristo se encuentra fragmentado, persiguiendo interpretaciones meramente humanas, principalmente por no profundizar en el evangelio confiado al apóstol Pablo.
Pablo advierte claramente: «Si conociera todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviera toda la fe […] pero no tengo amor, nada soy» (1 Corintios 13:2). El evangelio no fue concebido para la jactancia ni el engrandecimiento personal. Recordemos que ya somos herederos de bendición (Gálatas 3:9), razón por la cual no debe haber espacio para la competencia; todos los hijos de Dios estamos completos. Romanos 5:5 ratifica que poseemos el amor de Dios derramado en nuestro ser, demostrando que nada nos falta, motivo por el cual el amor verdadero no busca lo suyo.
Asimismo, el evangelio no está destinado para ocultarse o atesorarse con egoísmo. Proceder así significaría retener lo que por gracia hemos recibido. El mensaje no es exclusivo para nosotros; fue dado para ser compartido, comprendiendo plenamente que la fe se manifiesta y opera a través del amor.
El Ejemplo de Jesús: Amor Verdadero Frente a la Tradición
Las Escrituras señalan que cuando Jesús vivió en la tierra, aprendió la obediencia. Ahora bien, ¿cuál fue la obediencia que manifestó? La respuesta es clara: amar al prójimo. Pudo haber pedido legiones de ángeles para ser librado, pero no lo hizo por amor a la humanidad. Del mismo modo, siendo rico, por amor a nosotros se hizo pobre (2 Corintios 8:9). Siendo Dios encarnado, no utilizó Sus prerrogativas divinas en beneficio propio, sino para suplir las necesidades ajenas.
Ese mismo principio debe regir nuestro servicio: priorizar el amor hacia los demás supliendo sus necesidades. En su ministerio terrenal, Jesucristo cuestionó con firmeza las posturas de las autoridades religiosas de su época y rehusó someterse a sus tradiciones legalistas.
Hoy en día, la tradición y la religión formal han construido un marco rígido que retrata a un Jesús exclusivamente enfocado en guardar preceptos ceremoniales —una ley que comprende 613 mandamientos y no únicamente los 10 principales—. Suele suponerse que Jesús actuó bajo un esquema religioso tradicional; sin embargo, las Escrituras confirman que Él confrontó de raíz el sistema religioso de su época para manifestar la verdadera esencia del amor.