La figura del amo en Iñigo y Lázaro: abandono, supervivencia y formación

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La figura del amo en Iñigo y Lázaro

De acuerdo con lo ya mencionado, se sabe que, al ser abandonados, ambos personajes padecen la figura del amo en sus vidas. Sin embargo, para los distintos casos, estos son vistos de formas diferentes.

Iñigo y el capitán

En el caso de Iñigo, sabemos que su amo fue «el Capitán», que, aunque «no era el más honesto ni el más piadoso», es considerado en todo momento como un «hombre valiente». Desde un comienzo se nos sugiere el vínculo que existía entre Diego Alatriste y el padre de Iñigo: «fueron muy buenos amigos, casi como hermanos», «le juró ocuparse de mí cuando fuera mozo».

Iñigo asocia a su padre con el capitán debido a que no lo tuvo, y lo conoce a través de los cuentos del capitán. El niño tiene una figura idealizada del padre, como también de Alatriste; es decir, lo plantea como un héroe: «hace amigos hasta en el infierno». A lo largo de su infancia, Diego Alatriste es el responsable de despertar la viveza en el joven, para que, de esta forma, pueda sobrevivir en un mundo hostil: «Eran años duros».

Lázaro y el ciego

En el caso de Lázaro, su amo es el ciego, quien manifiesta desde el comienzo que lo «toma como hijo». A diferencia del afecto que demuestra el capitán por Iñigo, el ciego fue muy duro con Lázaro. A pesar de que este «lo mataba de hambre», su astucia nutrió de conocimientos a Lázaro: «alumbró… en la carrera de la vida», quien, al igual que Iñigo, debía aprender a vivir en la hostilidad.

Poco a poco, el ciego contribuye a que Lázaro deje de lado la reflexión infantil y conozca el mundo tal como es. En esta productiva y áspera relación, al cerrarse el primer tratado, se destaca un momento clave en la obra: «con toda su fuerza» «deja caer el jarro» sobre la boca.

Esta dura actitud del ciego frente a Lázaro resulta determinante, teniendo como consecuencia la decisión del joven de escapar. A su vez, esta situación refleja la doble cara del ciego, quien tiene la capacidad de victimizarse para sacar el máximo provecho de las situaciones. A través de lo mencionado, es posible afirmar que, mientras Iñigo admira a su amo, Lázaro no lo hace.

Comparación sintética

  • Admiración vs dureza: Iñigo admira y idealiza al capitán; Lázaro sufre la dureza del ciego.
  • Función educativa: Ambos amos forman a sus pupilos: uno mediante la idealización y el ejemplo; otro mediante la astucia y la dureza.
  • Supervivencia: En ambos casos, la enseñanza responde a la necesidad de sobrevivir en un mundo hostil.
Conceptos clave

Abandono, figura del amo, viveza, astucia, supervivencia y formación del sujeto son ejes que permiten comprender las diferencias y similitudes entre las trayectorias de Iñigo y Lázaro.

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