La Filosofía Helenística: El Camino hacia la Ataraxia y la Felicidad

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El Cambio del Mundo Griego tras Alejandro Magno

Tras la muerte de Alejandro Magno, en el siglo IV a.C., el mundo griego cambió profundamente. Las antiguas polis perdieron su independencia y se integraron en grandes imperios. El ciudadano dejó de sentirse parte activa de la vida política y se convirtió en un individuo dentro de una enorme estructura. Esta nueva situación generó una crisis: ya no se trataba de cómo gobernar bien una ciudad, sino de cómo vivir bien uno mismo en un mundo incierto.

La Filosofía como Terapia del Alma

La filosofía helenística nace como una búsqueda de la felicidad y la tranquilidad interior; se centra en la vida cotidiana, el dolor, el miedo y la serenidad. La filosofía se convierte en una terapia del alma, un camino para alcanzar la serenidad (ataraxia).

Rasgos Principales del Pensamiento Helenístico

Los tres rasgos principales son:

  • Carácter práctico: La filosofía no busca teorías abstractas, sino aprender a vivir.
  • Centralidad de la ética: El tema principal es la felicidad y el modo de alcanzarla.
  • Universalismo: El sabio ya no pertenece a una ciudad, sino a toda la humanidad.

Las Escuelas de la Felicidad

Los Cínicos y la Autenticidad

Los cínicos defendían que la verdadera felicidad no depende de los bienes materiales ni de las convenciones sociales, sino de la virtud y la libertad interior. Vivían de forma provocadora, rechazando la riqueza, la fama y el poder. El cinismo propone volver a una vida natural y sencilla, liberada de las falsas necesidades creadas por la sociedad. Su ideal era la autarquía (bastarse a uno mismo) y creían que la civilización había corrompido al hombre y que la sabiduría consistía en recuperar la autenticidad.

El Epicureísmo: El Placer y la Ausencia de Temor

El epicureísmo creó una comunidad conocida como El Jardín, donde hombres, mujeres y esclavos podían estudiar juntos. Su meta era liberarse de los miedos que esclavizan al ser humano: el miedo a los dioses y el miedo a la muerte. Epicuro enseña que la felicidad consiste en alcanzar el placer estable, entendido no como exceso, sino como ausencia de dolor físico (aponía) y de perturbación del alma (ataraxia).

No todos los placeres son buenos: los sabios eligen los naturales y necesarios (como la amistad o la tranquilidad) y evitan los que provocan sufrimiento posterior. Desde el punto de vista físico, el mundo está compuesto por átomos y vacío. No hay intervención divina en los asuntos humanos, por lo que no debemos temer a los dioses ni a un castigo después de la muerte.

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