La Formación del Carácter: Hábitos, Virtudes Éticas y el Papel de la Educación

Clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 3,1 KB

Fundamentos de las Virtudes Éticas

Las virtudes éticas no son disposiciones naturales, como ver y oír, ni tampoco antinaturales, como volar. Nuestra naturaleza nos hace susceptibles de adquirirlas a través de la costumbre (ejercicio y esfuerzo), de un modo parecido al que un artesano adquiere y perfecciona su habilidad.

Cuando en numerosas ocasiones realizamos acciones correctas, se desarrolla en nosotros un modo de ser estable: el hábito, que acaba por ser casi una segunda naturaleza. Si el hábito es malo, será un vicio.

Los hábitos a su vez configuran el carácter del individuo, una estructura personal estable adquirida.

La Clasificación Aristotélica del Alma

Aristóteles dice que suceden tres clases de cosas en el alma:

  1. Afectos o pasiones: Todo lo que va acompañado de placer o dolor.
  2. Facultades: Aquello que nos permite que las pasiones nos afecten.
  3. Modos de ser o hábitos: Aquello por lo que nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones.

Es importante destacar que ni los afectos ni la capacidad de sentirlos pueden ser valorados moralmente. Sin embargo, el hábito sí puede ser juzgado moralmente.

Virtudes: Hábitos y Comportamiento

Concluyendo, se puede decir que las virtudes son hábitos referidos a las pasiones o afectos, vinculados con la acción y el comportamiento que lleva a cabo el ser humano, para alcanzar la función que le es propia y que forja su carácter.

El Papel Crucial de la Educación

El hecho de que las virtudes se adquieran le da un papel importante a la educación, que debe comenzar desde la infancia.

Claro está, que en la infancia más temprana no se dispone de prudencia y se hace necesario el adoctrinamiento para “domesticar” la fuerza de las pasiones, que aún no pueden obedecer a la razón.

Virtud, Prudencia y Recta Razón

Sin prudencia no hay virtud, pero la virtud no consiste solo en poseer la prudencia; aunque las acciones virtuosas son aquellas que se producen de acuerdo con la recta razón.

Pese a todo esto, el saber no es nada o es muy poco importante en las virtudes éticas. Lo que más importa es el cómo se hace:

  • Si se sabe lo que se hace.
  • Si se ha elegido.
  • Si se hace con precisión y de manera constante.

La Práctica Constante y la Excelencia Moral

Lo que se consigue mediante la práctica de las acciones virtuosas no se trata de una condición intelectual, ni de una condición física, ni de un mero hábito reflejo; ya que la excelencia moral no se consigue mediante una simple rutina.

Lo que se consigue mediante la realización de forma constante de acciones virtuosas es una tendencia a sentirse de un modo determinado, ajustando el placer y el dolor que acompañan a esa acción. Porque la práctica continuada de actos virtuosos hace que sea más fácil realizarlos y hacerlos cada vez mejor y con placer.

Entradas relacionadas: