La Fragilidad Humana y el Deber del Cuidado: De la Llama a la Sepultura

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El Origen de la Humanidad y la Fragilidad

El ser humano es un ser viviente frágil, con una serie de modificaciones para adaptarse, lo que le lleva a presenciar dicha fragilidad mediante el cuidado.

El Fuego como Catalizador de la Adaptación

El fuego tuvo un papel importante en todas las modificaciones, llevando al origen de la humanidad y ayudando a adquirir una dieta omnívora; si no hubiera estado esta, no habría sobrevivido la especie. Por lo que se puede decir que donde aparece una fragilidad, aparece una modalidad de respuesta.

El fuego también proporcionó un hogar, donde proteger a los más indefensos, cuidando de los que no se pueden cuidar por sí solos; pero, a la vez, la prole debía cuidar del fuego para preservarlo.

Vulnerabilidad y Dependencia: La Esencia del Ser

Somos seres dependientes de otros y dependemos de sus cuidados; desde el nacimiento somos indefensos y vulnerables. Nos encontramos expuestos a la vulnerabilidad, que es la desnudez, una exposición a la fragilidad con nuestra interioridad al alcance.

Sabiendo que la presencia de fragilidad requiere combatir la pereza, desde el nacimiento hasta la vejez, se cuida incluso lo que ya no cabe cuidar: al no viviente, desde que somos conscientes de la fragilidad al perder algo irreversible.

El Cuidado más allá de la Vida: La Sepultura

La forma de evitar el olvido es mediante la sepultura, que es el acto que junta, mediante la religión (como vínculo), a los muertos y a los vivos. El olvido es una de las principales formas del descuido; por eso es necesario cuidar a los vivos y dar sepultura a los muertos ante la falta de presencia.

Dependemos de la sociedad, de la comunidad y, sobre todo, de la familia, que es la que en todo momento nos ha dado un ejemplo de cuidado.

Combatir el Olvido y la Impiedad

La sepultura es poner a salvo la vulnerabilidad humana, es decir, la muerte. Es lo último que se puede y debe hacer por los padres, reviviendo sus recuerdos y combatiendo la vulnerabilidad aportada por el fin de la vida.

La Deuda con Nuestros Antepasados

Nuestros antecedentes nos han dado un origen; de la misma forma, tenemos una deuda insalvable. Por eso debemos cuidarlos en todo momento y acompañarlos hasta el final de sus días mediante la sepultura. Este acto se realiza con veneración, que es lo que nos hace ser humanos en esos momentos, ya que si está presente la impiedad —la ausencia de reconocimiento—, se relaciona con lo inhumano, como un ser despreciable.

Cuidamos la fragilidad; sabemos que el tiempo guarda relación con la muerte, causando de esta manera ruina al estar enlazado con un final inevitable.

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