Francisco de Goya: El Maestro de la Modernidad en la Pintura Española
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Francisco de Goya (1746-1828) fue un artista adelantado a su tiempo que anuncia la modernidad y marcará profundamente la pintura de los siglos XIX y XX. Su obra abarca desde el final del Barroco y Rococó hasta el Neoclasicismo y Romanticismo, aunque siempre con un estilo personal. Goya emplea una pincelada suelta y vigorosa, relegando el dibujo, y utiliza todo tipo de técnicas y soportes, desde óleos a grabados y cartones para tapices.
Reflejo de su Época
Refleja la realidad de su época —la Revolución Francesa, la Revolución Industrial y la Guerra de Independencia española—, alejándose de los ideales clásicos y mostrando la crudeza de los acontecimientos. Su paleta de color se oscurece progresivamente hasta llegar a las pinturas negras, coincidiendo con su sordera y su creciente introspección. Su pintura se caracteriza por el expresionismo, la ruptura con las normas académicas y la anticipación del surrealismo, influyendo en románticos, realistas, impresionistas, expresionistas y surrealistas posteriores.
Formación y Primeros Años
Nacido en Fuendetodos, inició su formación en Zaragoza y luego en Madrid, sin conseguir beca para Italia. En 1771, regresó a Zaragoza y pintó en la basílica del Pilar; en 1775, volvió a Madrid, se casó y empezó a trabajar para la Real Fábrica de Tapices, ganando fama como retratista de la nobleza.
Reconocimientos y Obras Destacadas
Fue nombrado pintor de Carlos III y luego pintor de cámara de Carlos IV, etapa en la que pintó obras como:
- La familia de Carlos IV
- La maja desnuda
- La maja vestida
- Frescos en San Antonio de la Florida
También realizó Los caprichos, grabados satíricos sobre la sociedad española.
Transformación y Últimos Años
Tras quedarse sordo en 1792-93, su carácter y pintura cambiaron profundamente. Durante la Guerra de Independencia, reflejó los horrores del conflicto en obras como:
- Los fusilamientos del 3 de mayo
- La serie Los desastres de la guerra
Al final de su vida, aislado y afectado por su sordera, creó las Pinturas negras en su casa, la Quinta del Sordo. En 1824 se exilió en Burdeos, donde pintó su última obra, La lechera de Burdeos, y murió cuatro años después.