La Fundación de Roma: De la Rivalidad de Rómulo y Remo a la Unión con los Sabinos
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La Fundación de Roma: El Augurio de Rómulo y Remo
“Ita Numitori... templa capiunt”.
Así, una vez delegado el asunto albano a Numítor, a Rómulo y Remo los atrapó el deseo de fundar una ciudad en aquellos lugares en los que habían sido expuestos y educados. Se congregaba allí una multitud de albanos y latinos; también se habían acercado los pastores, todos los cuales tenían la esperanza de que Alba Longa fuera pequeña, y de que Lavinium también lo fuera en comparación con esta nueva ciudad que sería fundada.
El Conflicto por el Poder
En estos propósitos sobrevino un mal ancestral: el deseo de poder. A partir de un comienzo moderado, surgió un combate repugnante. Puesto que eran gemelos y el respeto a la edad no podía establecer una distinción, se acordó que los dioses, a cuya tutela estaban estos lugares, decidieran mediante predicciones quién daría el nombre a la nueva ciudad y quién la dirigiría con poder absoluto tras su fundación. Para consultar los augurios, Rómulo tomó el Palatino y Remo el Aventino como templos.
El Augurio y el Trágico Destino de Remo
"PRIORI REMO...NOMINE APPELLATA".
Se dice que el augurio llegó primero a Remo: seis buitres. En ese preciso momento, tras haber sido anunciado el augurio, se le presentaron el doble de aves a Rómulo. La multitud aclamó a ambos como reyes: unos atribuían el imperio por la prioridad en el tiempo, otros por el número de aves vistas. Por ello, tras reunirse en un altercado, se dirigieron a una matanza impulsada por la hostilidad de sus odios; allí, Remo cayó golpeado en medio de la confusión.
La Fundación de la Ciudad
La tradición más divulgada cuenta que Remo atravesó los muros para burlarse de su hermano; por este motivo, fue asesinado por un encolerizado Rómulo, quien lo increpó con estas palabras: “Así, de este modo, perezca cualquier otro que traspase mis murallas”. De esta manera, solo Rómulo se apodera del imperio, y la ciudad fundada es llamada Roma, en honor al nombre de su fundador.
La Intervención de las Sabinas y la Unión de los Pueblos
"TUM SABINAE MULIERES...FERUNT ROMAM".
Entonces las mujeres sabinas, por cuya injuria nació la guerra, con el pelo desplegado y la ropa rasgada, venciendo el pavor femenino ante los males, se atrevieron a lanzarse entre los dardos que volaban. Realizando este ataque inesperado, se interpusieron para separar a las tropas hostiles y calmar las cóleras, rogando de un lado a sus padres y de otro a sus maridos:
- Que los yernos y suegros no se mancharan con sangre impía.
- Que no ensuciaran sus partos con el parricidio.
- Que no dañaran a la estirpe de sus nietos e hijos.
Las sabinas exclamaron: “Si os lamentáis del matrimonio o del parentesco entre vosotros, volved los odios hacia nosotras; nosotras somos la causa de la guerra, de las heridas y de las muertes para nuestros maridos y padres. Mejor es morir que vivir como viudas o huérfanas sin alguno de vosotros”.
El Nacimiento de una Nueva Nación
Este ruego conmovió no solo a la multitud, sino también a los generales. Se hizo un silencio y una repentina calma. Acto seguido, los líderes avanzaron para firmar un tratado. No solo establecieron la paz, sino que formaron una sola ciudad de dos pueblos. Conciertan el imperio y trasladan todo el poder a Roma.