Fundamentos de la Autoridad Política: Teocracia Islámica y Soberanía Popular Occidental
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2. El Poder Político en el Islam
El Islam, por lo menos en sus interpretaciones más fundamentalistas, mantiene también una posición claramente teocrática con respecto a la autoridad: el poder político procede de Dios y el gobernante dirige la sociedad en su nombre.
Se basa para ello en el único versículo del Corán que hace referencia al tema del poder y que dice: «Obedeced a Dios, a su enviado y a los que ejercen su autoridad».
La Soberanía en la Constitución Iraní
En Irán, su Constitución dice, en el artículo 56:
«La soberanía absoluta sobre el hombre y el universo pertenece a Dios y es Él quien hace al hombre soberano sobre su destino social. Nadie puede privar al ser humano de este derecho divino ni ejercerlo para beneficio de un individuo o de un grupo específico, pues el pueblo ejerce este derecho otorgado por Dios».
El manantial de donde fluye la soberanía no es el pueblo sino Dios, que lo delega en los hombres para su ejercicio en la tierra.
Por lo menos en teoría, la diferencia más notable con el cristianismo no es solo que el poder de la autoridad provenga de Dios, sino que también proviene de Él la ley bajo la que tienen que vivir los hombres, ley que está revelada en el Corán.
La voluntad popular carece de poder para originar el cuerpo de normas legales en los países que se rigen por un gobierno islámico: es la voluntad de Alá, expresada a través del profeta Mahoma y revelada en el Corán, la única voluntad capaz de legitimar la actuación de los gobiernos islámicos.
El Pueblo como Origen del Poder Político
En la actualidad, la forma más extendida de entender el poder, por lo menos en la cultura occidental, es la que legitima la autoridad afirmando que el poder de los gobernantes procede del pueblo que los elige para gobernar. El pueblo es el único soberano y es el único que posee el poder, por lo que las autoridades pueden mandar solo si el pueblo les ha concedido ese poder que era suyo.
El Nacimiento de la Democracia en Grecia
La democracia apareció por primera vez en Grecia, basada en la discusión, el debate, el diálogo. Se convirtieron en el mecanismo utilizado para tomar decisiones. Mandar y obedecer dejaron de ser situaciones estables y se convirtieron poco a poco en papeles sociales que se tomaban y se dejaban.
Poseía el poder quien fuera capaz de explicar de forma razonada las decisiones que se proponían para problemas derivados de la convivencia y, a través de sus argumentos, convencer a los demás. Estas personas debían estar dispuestas a dar cuenta del resultado de dichas decisiones una vez se hubieran llevado a la práctica.
Los ciudadanos se percataron de esta manera de que eran ellos quienes, al prestar apoyo a unos determinados proyectos porque compartían las razones del que los proponía, estaban dando el poder a estas personas. El poder era del pueblo y no provenía de ninguna instancia ajena a su voluntad.
El Giro hacia el Humanismo
La nueva concepción del ser humano que comienza a gestarse a partir del Renacimiento se caracteriza por confiar en todo lo humano, por valorar todas las posibilidades del ser humano, especialmente las de su razón. Es lo que se conoce con el nombre de humanismo.
El Ser Humano como Protagonista
Si en el mundo medieval Dios era el centro alrededor del que giraba todo el universo, el ser humano es el que comenzó a convertirse en el protagonista, a ocupar ese lugar central. Consecuentemente, el orden político ya no se podía basar en Dios, como había ocurrido durante la Edad Media o como estaba ocurriendo en las monarquías absolutas.
Si el ser humano había comenzado a ocupar el lugar de Dios a la hora de decidir cómo tenía que vivir, también tenía que ser él quien fundamentara el poder. Y como lo más valioso que poseía era su racionalidad, fue sobre ella sobre la que trató de asentar el ámbito político. La ley se convirtió poco a poco en expresión de la racionalidad humana.