Fundamentos Filosóficos: Atomismo Lógico de Russell y la Doctrina de Nietzsche

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Bertrand Russell: El Atomismo Lógico

Bertrand Russell (1872-1970) es el principal representante del atomismo lógico. Russell definió esta corriente como un cierto tipo de doctrina lógica y un cierto tipo de metafísica. Sus tesis principales son:

  • Una concepción pluralista y no idealista de la realidad, basada en la creencia de sentido común en que hay multitud de cosas diferentes. Russell fue estudiante en Cambridge junto con G.E. Moore (1873-1958).
  • La afirmación de que los hechos (realidad) y las proposiciones (lenguaje) comparten una misma estructura lógica. Russell declaró que él procedía a través de análisis lógicos más que físicos. Se pone así de manifiesto el cambio metodológico: ya no se parte de los elementos psicológicos del conocimiento, sino del lenguaje.
  • La diferencia entre proposiciones atómicas y moleculares.
  • La reducción de lo complejo a lo simple. No podemos ir más allá de las sensaciones definiendo “las cosas” como el conjunto o clase de sus apariencias.

La Doctrina de Nietzsche

Nietzsche ha arrancado la máscara a la cultura occidental. Es preciso anunciar ya la muerte de Dios, pero no únicamente del Dios cristiano, sino de todo lo que ha venido ocupando su lugar y ha tratado de someter a la vida, sea la razón, el Estado, el progreso o la ciencia. El hombre ha matado a Dios, y con él todo sentido trascendental. Al descubrir la muerte de Dios, el hombre del rebaño queda desorientado; la consecuencia es el nihilismo.

La Muerte de Dios, el Nihilismo y la Voluntad de Poder

En Nietzsche, el nihilismo se refiere al proceso que sigue la conciencia del hombre a partir de la muerte de Dios. Este concepto aparece con dos significados diferentes:

  • Nihilismo pasivo: Ante el hundimiento de los valores tradicionales, fundados en Dios, la voluntad de poder se reduce, y surge la angustia y desorientación.
  • Nihilismo activo: Consiste en asumir la muerte de Dios y no esperar a que los viejos valores se derrumben por sí solos, sino contribuir activamente a su destrucción, creando valores propios y dando así sentido a su propia vida. Este último es el signo de la voluntad de poder, que crea al mismo tiempo que destruye.

El Superhombre y el Eterno Retorno

El Superhombre es aquella persona que ha superado la muerte de Dios y es capaz de superar el nihilismo, imponiendo la creación de sus propios valores. Para que a partir del hombre se llegue al Superhombre, son necesarias dos transformaciones del espíritu:

  1. Del camello al león: El camello es el animal que se inclina ante Dios y ante la ley moral.
  2. Del león al niño: El león se niega a aceptar la carga de la moral y los viejos valores racionales, pero no es capaz de crear los suyos. El niño es el símbolo del “sí” a la vida, del hombre capaz de crear nuevos valores, de situarse fuera de la moral en la inocencia, que le permite recomenzar.

El Superhombre encarna todos los valores de la filosofía nietzscheana: es la superación del hombre, un ser libre que desarrolla su voluntad de poder. Supone la desigualdad, el riesgo y el final de la moral cristiana del rebaño. El Superhombre es, pues, el que asume y desea el eterno retorno de lo que libremente ha querido su voluntad de poder.

Pensadores de la generación del 98 como Baroja y Unamuno, Ortega y Gasset, Fernando Savater o los postestructuralistas y marxistas franceses de los años setenta, son algunos de los muchos intelectuales que toman aspectos de la filosofía de Nietzsche.

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