Fundamentos del Matrimonio Católico y la Familia en la Doctrina Social de la Iglesia

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1. Rasgos del matrimonio católico según la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

El matrimonio cristiano es aquel que se produce por el consentimiento, entendido como el acto de la voluntad por el que el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en una alianza irrevocable para constituirlo.

La exigencia de totalidad

El matrimonio exige totalidad, un proyecto estable para compartir toda la vida. Los esposos han de entregarse totalmente el uno al otro: cuerpo, sentimientos, inteligencia y voluntad. Se trata de una entrega de todo lo que son, pues no es posible amar únicamente a una parte del otro.

Unidad e indisolubilidad

Los rasgos esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad. Estas propiedades pertenecen a la propia naturaleza del matrimonio, de tal manera que sin ellas este no puede existir.

  • Unidad: Significa que el vínculo conyugal solo puede ser único, de una mujer con un varón. Mientras permanezca ese vínculo, no puede haber otros, ni de forma simultánea ni sucesiva, porque en su origen está la mutua entrega y aceptación total de los cónyuges, la cual no puede darse si se reservan el derecho de entregarse a otros. En consecuencia, esta propiedad comporta la monogamia y la fidelidad.
  • Indisolubilidad: La exigencia de unidad se basa en la indisolubilidad. Por la propia naturaleza de la unión matrimonial, los cónyuges quedan vinculados entre sí mientras los dos vivan; son "una sola carne" y la ruptura del vínculo se opone a la esencia misma del matrimonio.

Fidelidad y fecundidad

La indisolubilidad exige fidelidad, un elemento esencial en el matrimonio, ya que la entrega total no permite compartir al cónyuge. Es necesario escuchar, crecer y madurar juntos, cultivando así la solidez de la unión.

Para terminar, hablaremos de la fecundidad: la capacidad de entrega y la posibilidad de creación de un nuevo ser humano, un hijo. La fecundidad del amor conyugal y la transmisión de la vida son deberes esenciales del matrimonio cristiano, unidos al derecho de la educación de los hijos, tanto en su dimensión física como moral-religiosa.

2. La familia como "santuario de la vida"

Esta afirmación significa que las familias cristianas tienen la misión de ser testigos y anunciadoras del Evangelio de la vida. La familia contribuye de modo notable al bien social por medio de la paternidad y la maternidad responsables.

Procreación responsable y medios naturales

En cuanto a los medios para la procreación responsable, han de ser rechazados ciertos métodos como la esterilización y el aborto, ya que atentan totalmente contra la naturaleza humana y la sostenibilidad de una familia. Además, debemos rechazar la contracepción y recurrir a los métodos naturales de regulación de la natalidad. Esto comporta la decisión de vivir las relaciones interpersonales entre los cónyuges con recíproco respeto y acogida.

Se condenan moralmente, como atentados a la dignidad de la persona y la familia, todos los métodos y todas las campañas encaminadas a la esterilización y la contracepción.

Defensa del bien común y la naturaleza humana

Todo esto va en contra de nuestra naturaleza y del bien común; por tanto, es necesario denunciarlo de manera moral para que no se convierta en algo habitual. Rechazamos, pues, la "paternidad planificada" que utiliza la esterilización, el aborto y la contracepción como métodos anticonceptivos artificiales o físicos.

Desde la perspectiva cristiana, la fecundidad es una exigencia del amor. El acto conyugal une a los esposos en el amor y los hace aptos para concebir una nueva vida. La paternidad responsable supone ser consciente de que engendrar una nueva vida no es algo simplemente biológico, sino que implica a los padres en su razón, en su voluntad y en su dimensión espiritual.

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