Giacomo Leopardi: Vida, Obra y el Pensamiento del Zibaldone

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Primeros años y formación de un genio

La formación cultural de Giacomo, Carlo y Paolina (de los otros siete hijos nacidos del matrimonio Leopardi, solo sobreviviría el último, Pier Francesco) fue desempeñada por algunos preceptores religiosos de gran erudición, quienes formaron a los jóvenes hermanos en el estudio de las letras y de las ciencias.

Un niño prodigio marcado por la enfermedad

Giacomo tuvo una enfermedad de nacimiento (enfermedad de Pott) que le curvó la espalda y, además, padeció un severo raquitismo. Estas condiciones hicieron que consumiera su infancia estudiando desesperadamente y leyendo con una curiosidad inagotable. A los 11 años leyó a Homero, a los 13 escribió su primera tragedia, a los 14 la segunda y a los 15 un ensayo. Para entonces, ya conocía siete lenguas y había estudiado casi de todo: lenguas clásicas, hebreo, lenguas modernas, historia, filosofía, ciencias naturales y astronomía.

El culto a la gloria de los héroes antiguos llevó a Leopardi a probarse en distintos géneros. A los 19 años inició su cuaderno de apuntes, el Zibaldone di pensieri, que le acompañaría hasta 1832. A los 20 compuso sus primeros poemas y un ensayo sobre el movimiento de Dante.

Zibaldone di pensieri: El diario intelectual de Leopardi

Lo escribió entre junio de 1817 y diciembre de 1832. El título puede interpretarse de varias maneras:

  • Según Vogel, es un "caos escrito" (que imita a la Metamorfosis).
  • Según consultas en la edición de 1816 del Vocabolario degli Accademici della Crusca, el término remite a "mescuglio", es decir, mezcolanza.

Cuando comenzó el Zibaldone, aún no tenía un título definido. En 1820, había usado el título Pensieri di varia filosofia e di bella letteratura. Está compuesto por diferentes materias: literatura, política, filosofía, psicología, lingüística, economía, cosmología, etc. Leopardi evita desde el principio la forma autobiográfica demasiado evidente del diario y prefiere una escritura más subjetiva, donde el mundo se objetiva en el yo.

Filosofía y pesimismo: La ilusión como refugio

Para Leopardi, el aspecto creador del impulso humano se cifra en la ilusión y no en la verdad. La ilusión es para el hombre la única verdad que está en condiciones no solo de conocer, sino también de sentir.

La situación del hombre moderno, a la que Leopardi ataca y con la que al mismo tiempo se identifica, es, colectivamente, la de una acentuada impotencia para crear valores de ilusión. Por eso, hay posibilidad de escape a la infelicidad, pero también cabe vivir: afirmar un destino frente al destino, crear ilusiones para poder desear. Así, el hombre constituye su identidad (o simula que la constituye) frente a la invasión del vacío.

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