El Giro Copernicano de Kant: Sujeto, Conocimiento y Metafísica
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El Giro Copernicano en la Filosofía de Kant
Para explicar su hipótesis, Immanuel Kant afirma que es necesaria una “revolución filosófica” análoga a la que dio origen a la revolución científica. De este modo, Kant considera ineludible dar a la filosofía un giro copernicano.
Analogía con la Revolución Científica
La propuesta kantiana se comprende mejor a través de su comparación con los modelos astronómicos, estableciendo un paralelismo entre las corrientes filosóficas y las teorías sobre el universo:
- El empirismo de Hume minusvaloró el alcance de nuestro conocimiento al afirmar que todo él tiene su origen en la experiencia. Para Kant, esta posición es análoga al geocentrismo astronómico: una hipótesis intuitiva pero falsa que sitúa el objeto (la Tierra/la experiencia) en el centro.
- El racionalismo cartesiano sobrevaloró el alcance de nuestro conocimiento al creer que podía avanzar exclusivamente a partir de ideas innatas. Esta hipótesis, también falsa, es más afín al resultado kantiano, pues es análoga al heliocentrismo, que desplaza el centro.
La Síntesis Kantiana: El Sujeto en el Centro
Kant adopta una postura intermedia entre el empirismo y el racionalismo. Sostiene que el conocimiento es una síntesis entre lo dado por la experiencia (el material) y lo que pone el sujeto que conoce (las formas a priori). El gran descubrimiento kantiano es que el mundo, tal como lo conocemos, es, en parte, el producto de nuestra mente. Por ese motivo, podemos formular juicios sintéticos a priori sobre él.
El giro copernicano consiste, por tanto, en situar al sujeto y no al objeto (la experiencia) en el centro del conocimiento.
Consecuencias para la Ciencia y la Metafísica
Con esta nueva perspectiva, queda superado el escepticismo de Hume respecto a la física. Pero, ¿podrá la metafísica llegar a ser una ciencia? Si atendemos a que el conocimiento versa solo sobre la síntesis de lo a priori y lo dado, es decir, el fenómeno, entendemos que es imposible. La metafísica trata con meros conceptos (las Ideas de la Razón) y aspira a conocer la cosa en sí o noúmeno, algo que está más allá de la experiencia posible.
Del Saber a la Fe: El Uso Práctico de la Razón
Sin embargo, esta limitación no es tan negativa como parece. Al poner límites a la razón en su uso teórico, se abre un espacio para su uso práctico. Es posible pensar esas Ideas de la Razón como postulados necesarios para la moral. Como dice Kant, el giro copernicano que limita el poder de la razón “suprime el saber para dejar sitio a la fe”.
Un ejemplo sencillo es la idea de libertad: si nos atenemos al fenómeno, todo está determinado por la categoría de causa-efecto, haciendo imposible la libertad. En cambio, si pensamos que el conocimiento llega solo hasta el fenómeno pero que existe un ámbito nouménico más allá, en ese ámbito es posible pensar la libertad como un postulado de la razón práctica.
La Ilusión Trascendental y la Crítica a la Metafísica
Kant introduce el término “Ilusión Trascendental” en la Dialéctica Trascendental, la sección de su obra donde critica la pretensión de la Metafísica de ser una ciencia.
El Origen del Error Metafísico
Para Kant, la Ilusión Trascendental es el error inevitable en que cae la razón cuando intenta aplicar sus categorías más allá de los límites de la experiencia. La Metafísica tradicional, al no basarse en juicios sintéticos a priori (que combinan la estructura del sujeto con la materia de la experiencia), llega a principios racionales contrapuestos entre sí y concluye en razonamientos erróneos sobre el conocimiento.
Las Ideas Trascendentales y los Límites de la Razón
Esta ilusión se produce porque la Metafísica desea alcanzar principios supremos que no necesiten ser comprobados en la experiencia. Estas son las llamadas Ideas Trascendentales:
- El Alma (la unidad absoluta del sujeto pensante).
- El Mundo (la unidad absoluta de la serie de las condiciones del fenómeno).
- Dios (la unidad absoluta de la condición de todos los objetos del pensamiento en general).
Al intentar conocer estos objetos, la razón no solo se guía por sus formas puras, sino que ignora las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y las categorías del entendimiento. Es decir, la Metafísica se extralimita, y por eso cae en paralogismos (argumentos falaces sobre el alma) y antinomias (argumentos contradictorios sobre el mundo).
La Solución Kantiana: Ceñirse al Fenómeno
Para evitar este error, Kant propone que la Metafísica debe abandonar su pretensión de conocimiento sobre lo suprasensible. Debe buscar el conocimiento fijándose en el fenómeno (lo dado a la experiencia) y no en el noúmeno (la cosa en sí, lo no dado). De este modo, no admitirá lo que no se pueda comprobar en la experiencia y no concluirá en principios incorrectos, redefiniendo su papel como una crítica de los límites de la razón.