La Gloriosa: Revolución de 1868 y el Fin del Reinado de Isabel II en España

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La Revolución de 1868: Causas, Desarrollo y Consecuencias

Las causas de la Revolución de 1868, que puso fin al reinado de Isabel II, se remontan a los cinco últimos años de su monarquía. Podemos clasificarlas en:

Causas Políticas

En 1868, pocos políticos defendían el proyecto de Isabel II, ya que la reina se había apoyado únicamente en los gobiernos conservadores de O'Donnell o de Narváez para mantener a toda costa el sistema político de la Constitución de 1845 y para reprimir violentamente cualquier intento de crítica o protesta. Esta oposición, en 1868, no solo procedía de los partidos firmantes del Pacto de Ostende (demócratas y liberales progresistas, quienes rechazaban a Isabel II y pretendían la convocatoria de Cortes Constituyentes por sufragio universal), sino también de los republicanos y, sobre todo, de los unionistas. Estos últimos, tras la muerte de O'Donnell en 1867 y bajo el liderazgo del general Serrano, estaban convencidos de la inviabilidad del régimen isabelino.

Causas Económicas

La situación económica española se deterioró a partir de 1864. La industria textil atravesaba una fuerte crisis, la construcción ferroviaria decaía, la Bolsa se hundía con el consiguiente derrumbe de las sociedades, el campo sufrió dos malas cosechas en 1866 y 1867, y, por último, la Hacienda Pública se declaró en bancarrota. Como consecuencia de esta situación, el descontento social era generalizado: tanto la clase dirigente como la población trabajadora entendían que la política isabelina no había defendido sus intereses.

Causas Sociales

Las diferentes clases sociales veían necesaria la revolución. Así, los grupos financieros e industriales (empresarios) se convencieron de que era necesaria una revolución porque el gobierno isabelino no era capaz de solucionar la crisis económica. Los grandes terratenientes aceptaban que un cambio de régimen era inevitable para que se garantizase el orden social. Gran parte del ejército apoyaba la conspiración y, finalmente, las clases populares apoyaron decididamente el golpe ante la indignación que sufrían por el paro, la miseria y la corrupción de los gobernantes. Además, estas clases populares eran conocedoras de que tras la revolución llegaría el sufragio universal, la supresión de las quintas y de los consumos.

Desarrollo del Levantamiento y Exilio de Isabel II

A pesar de contar con este amplio apoyo social, la Revolución de 1868 no fue una revolución popular, sino uno más de los pronunciamientos militares de la época. El golpe lo encabezaron tres militares clave: los generales Serrano (unionista) y Prim (progresista), y el Almirante Topete. El día 17 de septiembre, Topete se sublevó con su escuadra en Cádiz al grito de ¡Viva España con Honra! e inmediatamente el resto de cuarteles del país se fueron sumando uno a uno a la sublevación.

Mientras tanto, los partidos políticos y las clases populares crearon en las ciudades Juntas Locales y Provinciales de apoyo a la revuelta, que entregaron armas a la población y organizaron milicias denominadas Voluntarios de la Libertad. El 28 de septiembre, el ejército del general Serrano derrotó en Alcolea (Córdoba) al ejército isabelino. Desde ese momento, el gobierno derrotado creyó necesaria la salida de la reina del país y, al día siguiente, 29 de septiembre, Isabel II abandonó España a través de Irún rumbo a París, camino del exilio.

Formación del Gobierno Provisional y Primeras Medidas

Una vez conseguido el exilio de la reina, los revolucionarios no quisieron llevar más lejos la Revolución, sino institucionalizar un nuevo régimen. El 8 de octubre se formó un Gobierno Provisional presidido por Serrano, con Prim en el Ministerio de la Guerra y Sagasta en Gobernación.

Las primeras medidas de este gobierno fueron las siguientes:

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