Grandes Transformaciones Históricas: Conquista de América y Liberalismo en España
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La Expansión Ultramarina Española y el Establecimiento Colonial
El Inicio de la Era de los Descubrimientos y la Conquista
En 1492, Cristóbal Colón, respaldado por los Reyes Católicos tras la firma de las Capitulaciones de Santa Fe, partió del puerto de Palos el 3 de agosto con tres barcos. El 12 de octubre llegó a la isla de Watling, en las Bahamas, y luego exploró Cuba y La Española. Con el Tratado de Tordesillas en 1494, comenzó la exploración y conquista de América, destacando el descubrimiento del Pacífico por Núñez de Balboa en 1519 y la primera circunnavegación del mundo (1519-1522) liderada por Magallanes y completada por Elcano.
Entre 1519 y 1550, se conquistaron los grandes imperios precolombinos: el Imperio Azteca (por Cortés, 1519-1521) y el Imperio Inca (por Pizarro, 1531-1533). La administración de los nuevos territorios se centralizó con la creación del Consejo de Indias y la Casa de Contratación, y se organizaron grandes unidades territoriales como los virreinatos de Nueva España y Perú.
La explotación económica mediante sistemas como las encomiendas y la mita causó grandes pérdidas demográficas entre la población indígena. No obstante, figuras como Bartolomé de las Casas promovieron la defensa de los derechos de los nativos, lo que llevó a la promulgación de las Leyes Nuevas de Indias en 1542. En América se impuso el catolicismo, el castellano y una economía monetaria, mientras España recibió ingentes ingresos que consolidaron su hegemonía europea, aunque también provocaron una significativa inflación en la península.
El Reinado de Isabel II y la Consolidación del Estado Liberal (1833-1868)
Transición del Antiguo Régimen al Liberalismo: Las Regencias y las Guerras Carlistas
Durante el reinado de Isabel II, entre 1833 y 1868, España vivió la crucial transición del Antiguo Régimen al Estado liberal, un proceso iniciado en las regencias de María Cristina y Espartero. La muerte de Fernando VII desencadenó un conflicto sucesorio que dio lugar a las Guerras Carlistas. Isabel heredó el trono gracias a la Pragmática Sanción, que anuló la Ley Sálica, lo que apartó del poder a Carlos María Isidro, quien lideró un bando apoyado por absolutistas, sectores rurales del norte y países como Austria, Rusia y Prusia. Enfrentados a ellos, los liberales defendieron un Estado centralizado y recibieron el respaldo de la burguesía, las clases medias y potencias como Francia e Inglaterra.
La Primera Guerra Carlista (1833-1840) fue la más cruenta, con aproximadamente 200.000 muertos. A pesar de las victorias iniciales de Zumalacárregui, los carlistas no lograron tomar Madrid, y el conflicto terminó con el Convenio de Vergara (1839). Posteriormente, los enfrentamientos carlistas fueron menos relevantes, como la Segunda Guerra Carlista (1846-1849) y la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), esta última durante el Sexenio Revolucionario.
La Consolidación del Liberalismo y las Reformas Institucionales
El liberalismo se consolidó como la ideología predominante, dividido en dos grandes facciones: los moderados y los progresistas. Los moderados defendían la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, un Estado confesional y un sufragio censitario muy restringido, siendo apoyados principalmente por la alta burguesía y la aristocracia. Por su parte, los progresistas abogaban por la soberanía nacional, mayores libertades políticas y una economía librecambista, con una base social en las clases medias y urbanas.
Bajo la regencia de María Cristina, se introdujeron reformas importantes, como la división territorial de Javier de Burgos en 1833 y el Estatuto Real de 1834, una carta otorgada que inauguró un sistema bicameral, aunque con gran poder en manos del monarca. Sin embargo, los progresistas, insatisfechos, protagonizaron revueltas como el pronunciamiento de La Granja en 1836, que forzó la promulgación de la Constitución de 1837. Este texto consolidó el régimen liberal con elementos clave como la soberanía nacional, el reconocimiento de derechos individuales y un sistema bicameral con poder compartido entre las Cortes y el rey. También eliminó los últimos restos del Antiguo Régimen, como los señoríos y los gremios.
La Regencia de Espartero y la Mayoría de Edad de Isabel II
El descontento por medidas conservadoras llevó a la dimisión de María Cristina en 1840 tras una sublevación progresista encabezada por el general Espartero, quien asumió la regencia. Aunque inicialmente gozaba de gran prestigio, su política autoritaria y la supresión de aranceles que perjudicó gravemente al textil catalán provocaron el motín de Barcelona en 1842, que reprimió bombardeando la ciudad. En 1843, un pronunciamiento liderado por Narváez obligó a Espartero a dimitir, y ante la falta de un nuevo regente, Isabel II asumió el trono a la temprana edad de 13 años, marcando el inicio de su reinado efectivo.