El Grito (1893) de Edvard Munch: expresionismo, color y composición pictórica
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El Grito (1893) de Edvard Munch: obra pictórica expresionista
Estamos ante una obra pictórica de 1893, perteneciente a las vanguardias (expresionismo), y cuyo autor es Edvard Munch. En primer lugar, está pintada al óleo sobre lienzo, como era propio de aquella época. Posee un tipo de pincelada ancha y larga, lo que hace que la textura del cuadro resulte suave.
Tema y emoción
La temática que trata es poco corriente, ya que lo que el autor intenta describir y transmitirnos a través del cuadro es la angustia y el dolor que siente por la pérdida de su madre. El grito no lo da él personalmente; él interpreta la puesta de sol, los colores y la luz como un grito desgarrado de la naturaleza.
Línea y perspectiva
No hay un predominio de la línea continua; las formas se construyen mediante trazos que alternan sombras y claros. La perspectiva puede describirse así: en el puente, las líneas son rectas para generar la perspectiva aérea, mientras que en las figuras (sobre todo en la de primer plano) las líneas son onduladas para proporcionarnos esa sensación de movimiento que busca el autor y, a la vez, transmitir al observador el sentimiento de angustia representado en el lienzo. Esto nos conduce a decir que los expresionistas han roto con la temática y ciertos colores clásicos, pero aún no con el figurativismo y la perspectiva.
Color
En cuanto al color, usa tanto tonos cálidos como fríos; los combina para dar la sensación de desorden. Es un color irreal, vívido y forzado. Todo ello se debe a que está inspirado en una experiencia real del propio pintor: un paseo coincidente con una puesta de sol. La escena está representada en un atardecer, por lo que hay sombras y zonas iluminadas; la luz la proyecta el propio atardecer. Hay que destacar que el cuadro no trata de marcar los volúmenes mediante juegos de luz, sino mediante el color.
Composición y planos
La línea del horizonte es alta y está marcada por el mar azul y las dos figuras traseras. Tiene una composición abierta y muy dinámica. A pesar de que casi todo el cuadro está dominado por el cielo, conviene destacar dos zonas compositivas: el cielo y el puente. Ambas zonas presentan colores y pinceladas diferentes: colores cálidos y pincelada ancha en el frente, y colores fríos con pincelada más estrecha en el puente.
Tratamiento de la figura humana
En el cuadro, la figura humana está tratada como una figura expresiva que se lanza hacia el espectador para contagiarle el desasosiego. La representación refuerza la intención expresiva: la deformación, la posición en el espacio y la interacción con la luz y el color buscan provocar una respuesta emocional inmediata.
Observaciones finales
En conjunto, la obra muestra rasgos claros del expresionismo: ruptura con la tradición cromática clásica, uso del color como medio expresivo principal, y una pincelada enfática que contribuye a la atmósfera de angustia. Al mismo tiempo, mantiene elementos figurativos y recursos de perspectiva que anclan la imagen en una experiencia reconocible, lo que hace que la emoción transmitida resulte aún más potente.