De la Hispania Romana a Al-Ándalus: Claves de la Península Ibérica Antigua y Medieval
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La Conquista y Romanización de Hispania
El Conflicto entre Roma y Cartago
Roma fue la primera civilización que logró conquistar y unificar políticamente la totalidad de la Península Ibérica. Su llegada se produjo en el contexto de las Guerras Púnicas, una serie de conflictos contra Cartago por la hegemonía en el Mediterráneo. El poder cartaginés, aliado con algunos pueblos iberos, suponía una amenaza directa para los intereses romanos.
La rivalidad desembocó en la Primera Guerra Púnica, que ganó Roma. Tras el conflicto, se firmó el Tratado del Ebro, un pacto que establecía áreas de influencia: los territorios al norte del río Ebro serían para Roma y los del sur para Cartago. Sin embargo, Roma estableció un pacto defensivo con la ciudad de Sagunto, ubicada al sur del Ebro. Cartago consideró este acto una violación del acuerdo, lo que desencadenó la Segunda Guerra Púnica, el conflicto que supuso el desembarco romano definitivo en la península. Tras una tercera guerra, Roma se alzó como vencedora absoluta, anexionando los territorios hispánicos de Cartago.
El Proceso de Romanización
Durante y después de la conquista militar, se desarrolló un profundo proceso de romanización. Este consistía en la asimilación de los pueblos conquistados a la cultura y el modo de vida romanos. Para ello, Roma implementó su sistema administrativo y legal, extendió su cultura y el latín como lengua, y dotó al territorio de infraestructuras clave como las famosas calzadas. Un elemento fundamental fue la extensión progresiva del concepto de ciudadanía romana. Este legado consolidó de forma duradera la influencia de Roma en la península ibérica, y sus vestigios se conservan aún hoy en día.
Al-Ándalus: Evolución Política de la Hispania Musulmana
La llegada de los musulmanes a la península en el año 711 se produjo en el contexto de una guerra civil que debilitaba al reino visigodo. Un ejército de bereberes al mando de Táriq ibn Ziyad cruzó el estrecho y derrotó a las tropas del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete. La presencia musulmana en la península, conocida como Al-Ándalus, se prolongaría hasta 1492, con la conquista de Granada por los Reyes Católicos.
La evolución política de Al-Ándalus se puede dividir en varias etapas:
El Emirato de Córdoba (711-929)
Inicialmente, Al-Ándalus fue un emirato dependiente del Califato Omeya de Damasco. Tras la caída de los Omeyas, Abd al-Rahman I huyó a la península y estableció el emirato independiente en 756. Este fue un período de consolidación del poder, marcado por la inestabilidad interna y las luchas entre árabes y bereberes.
El Califato de Córdoba (929-1031)
Ante la fortaleza de su poder, Abd al-Rahman III, descendiente del primer emir, se autoproclamó califa, rompiendo definitivamente cualquier lazo de dependencia religiosa con Oriente. Esta etapa representa la época de mayor esplendor político, económico y cultural de Al-Ándalus.
Reinos de Taifas e Imperios Norteafricanos (1031 - mediados del s. XIII)
La desintegración del califato dio lugar a la fragmentación de Al-Ándalus en múltiples reinos pequeños e independientes, conocidos como reinos de taifas. Debilitados por sus luchas internas, fueron presa fácil para el avance de los reinos cristianos del norte, que culminó con la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085. Para frenar este avance, las taifas pidieron ayuda a los imperios norteafricanos (primero los almorávides y después los almohades), que unificaron temporalmente Al-Ándalus. Sin embargo, la victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) marcó el declive de los almohades y dejó el camino libre para la conquista de casi todo el sur peninsular.
El Reino Nazarí de Granada (mediados del s. XIII - 1492)
Tras el colapso almohade y el avance cristiano, el único territorio musulmán que sobrevivió fue el Reino Nazarí de Granada. Se mantuvo como vasallo de Castilla durante más de dos siglos, hasta que los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, decidieron completar la conquista. En 1492, la toma de Granada puso fin a la presencia política musulmana en la península ibérica.