Historia del conocimiento: Kant y los límites de la razón pura

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Historia del conocimiento

Kant está fundamentalmente preocupado por el problema de los límites del conocimiento en la medida en que pueden afectar a la validez del conocimiento científico. Por ello va a profundizar en el giro gnoseológico que inicia Descartes: no se parte de la realidad para justificar el conocimiento, sino que este se debe justificar por sí mismo, en virtud de su propia validez interna, antes de poder acceder a lo real. Rechaza la postura de Hume en este sentido, por achicar inviable la ciencia.

Se trata de descubrir las condiciones de posibilidad del conocimiento, aquellas condiciones trascendentales que hacen posible cualquier conocimiento científico a partir de la razón.

La distinción entre conocimiento puro y empírico

Kant pone de manifiesto su posición respecto al conocimiento, en la que va a distinguir dos partes: el conocimiento a priori o puro, que es el que pone el sujeto, al estar dotadas sus facultades de formas a priori; y el conocimiento empírico o a posteriori, que es el que obtenemos a través de nuestra sensibilidad.

El texto es un fragmento de la Crítica de la razón pura, a lo largo de la cual Kant analizará las condiciones de posibilidad del conocimiento: sensibilidad, entendimiento y razón. La crítica se divide así en tres partes: estética trascendental, analítica trascendental y dialéctica trascendental.

1. La estética trascendental: la sensibilidad

La estética trascendental es el análisis crítico de la sensibilidad, definida como receptividad pasiva. La sensibilidad es la capacidad receptiva del sujeto a través de la cual somos conscientes de los objetos, es decir, la fuente de conocimiento donde se nos dan los objetos.

En todo conocimiento podemos distinguir una materia y una forma: lo dado por el objeto y lo puesto por el sujeto. La materia es un caos de sensaciones e impresiones que recibimos del exterior, sin las cuales no habría conocimiento alguno, y nos es dada a posteriori. En la sensibilidad, la materia viene dada por la cosa en sí, a la que Kant llama noúmeno, que es aquello real en sí mismo, que por no ser empírico no puede ser objeto de intuición sensible y, en consecuencia, es incognoscible.

La forma es el marco en que se encuadran las impresiones sensibles. Si no hubiera forma, no conoceríamos nada, pues solo recibiríamos un caos de sensaciones inconexas y desordenadas. Las formas de la sensibilidad son las intuiciones puras, es decir, representaciones puras de la sensibilidad, sin origen ni mezcla empíricos. Estas formas a priori son el espacio y el tiempo: intuiciones puras de la sensibilidad externa e interna, respectivamente. Ambas son formas a priori e innatas.

La síntesis de materia y forma da como resultado la intuición empírica, la intuición de un fenómeno en un espacio y un tiempo. La intuición empírica es la representación típica de la sensibilidad, máximamente dedicada a dar cuenta de un contenido exterior al sujeto.

Espacio y tiempo no son propiedades reales de las cosas, sino algo puesto por el sujeto, inherente al sujeto. Son coordenadas vacías en las cuales se ordenan las impresiones sensibles. No podemos conocer jamás las cosas tal como son en sí mismas, sino solo las cosas tal como se nos aparecen. A lo que conoce el sujeto, Kant lo llama fenómeno: es el objeto de una intuición empírica, aquello que, por ser empírico, se ofrece al sujeto afectándolo. Kant afirma que solo conocemos lo fenoménico, lo que concuerda con las estructuras de conocimiento que el ser humano posee.

2. La analítica trascendental: el entendimiento

La analítica trascendental es la segunda parte de la crítica, que estudia el entendimiento, una de las fuentes del conocimiento, que posibilita que los objetos sean pensados. Para Kant, el entendimiento es la facultad del conocimiento que, mediante la intuición sensible y las categorías del propio entendimiento, posibilita los juicios. El entendimiento es activo, ya que produce espontáneamente ciertos conceptos e ideas sin derivarlos de la experiencia.

La función del entendimiento es pensar los objetos dados por la sensibilidad: el entendimiento tiene que unificar, comprender lo sensible, a fin de poder referirlos a un concepto mediante un juicio. Pensar es juzgar acerca de aquello que previamente hemos sentido.

En el entendimiento podemos distinguir también una materia y una forma. La materia es aquello acerca de lo que se juzga, la intuición empírica. La forma es el modo en que se unifica y coordina estos datos.

La sensibilidad presenta el fenómeno al entendimiento, que aplica sus formas a priori: las categorías, conceptos puros a priori. Las categorías son conceptos del entendimiento que se refieren a priori a los objetos de la intuición sensible, permitiendo que estos sean pensados, y son divididas en cuatro grupos:

  • Cualidad: realidad, negación y limitación.
  • Cantidad: unidad, pluralidad y totalidad.
  • Relación: sustancia, causa y comunidad.
  • Modalidad: posibilidad, existencia y necesidad.

Los conceptos, categorías, que el entendimiento posee a priori son las condiciones de inteligibilidad de las cosas, lo que significa que dichos conceptos a priori no se fundan en los objetos, sino en el entendimiento mismo. La aplicación de estos conceptos puros a la experiencia, es decir, a lo que se ofrece en la intuición empírica, da como resultado los conceptos empíricos, que a su vez posibilitan la experiencia. La relación de estos conceptos empíricos es el juicio.

Las categorías están vacías por sí mismas, y deben enlazarse con las intuiciones empíricas: «intuiciones sin concepto son ciegas, conceptos sin contenido son vacíos», dirá Kant. En caso de que solo tuviéramos intuiciones, sin que actuaran sobre ellas los conceptos puros, no obtendríamos ningún conocimiento, puesto que no podríamos entender lo que nos viene de los objetos. El entendimiento, mediante la aplicación de las categorías, confiere a los fenómenos el sello de la objetividad.

3. La dialéctica trascendental: la razón

La dialéctica trascendental es la tercera parte de la crítica, que estudia la razón. Es la facultad que proporciona los principios del conocimiento a priori, y que busca lo incondicionado para un condicionado, de la que proceden las ideas. La razón es de tal naturaleza que tiende a encontrar juicios, leyes e hipótesis cada vez más generales, que abarquen y expliquen un mayor número de fenómenos.

En la razón se distinguen una materia y una forma: la materia son los juicios del entendimiento, mientras que la forma son las ideas de la razón, representaciones típicas de la razón en su búsqueda de lo incondicionado. Las ideas trascendentales son:

  • Alma: totalidad de los fenómenos de la experiencia interna, los pensamientos.
  • Mundo: totalidad de los fenómenos de la experiencia externa, los objetos.
  • Dios: síntesis de lo interno y lo externo.

Las ideas trascendentales son a priori e innatas, a la vez que empujan hacia la universalidad.

Conclusión

La razón toma la síntesis de las ideas trascendentales y los juicios para formular el raciocinio, un conocimiento universal y objetivo que podría constituir la ciencia: el modo de conocimiento preciso sobre las cosas, que debe poseer las características de universalidad y necesidad, y aumentar el saber.

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