Historia del Ejército Español: De las Milicias Medievales al Ejército Moderno

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El ejército moderno

En la España anterior al siglo XV nos encontrábamos ante un sistema de milicias. No podemos hablar de ejército como tal hasta la estabilización de dichas milicias, que diera paso a un ejército permanente.

La estabilización de las milicias tuvo lugar durante un largo período y como resultado de la fijación de una estructura de orden y mando, así como del establecimiento y la asistencia de fábricas de productos bélicos que suministraron armas y equipamiento a las tropas. Este conjunto de sucesos dio lugar a la formación de un auténtico ejército nacional.

El ejército español tuvo gran importancia durante los siglos XV y XVI, dada su participación de forma continuada en numerosos conflictos, desde la guerra con Francia a contiendas en el Mediterráneo, los Países Bajos y el Atlántico, entre otros teatros de guerra.

La guerra ya no tenía su concepción medieval y caballeresca, sino que se trataba de una compleja técnica, con un gran coste y, por tanto, dependiente de los medios de financiación del Estado.

El nuevo arte de la guerra surgió sin duda del uso generalizado de la pólvora y la fabricación de armas de fuego portátiles. España, sin duda, estaba a la vanguardia en cuanto a materia bélica, como ha demostrado con el desarrollo en la construcción de fortificaciones como réplica a los nuevos ingenios de artillería.

Administración militar

Relativo a la administración militar, durante los siglos XVI y XVII apareció la figura del Consejo de Guerra. Sus competencias, de carácter técnico y organizativo, se vieron limitadas por una parte por las competencias del Consejo de Estado (que asumía, entre otras, la declaración de guerra y paz) y, por otro lado, por los restantes consejos, tales como el de Aragón o el de Indias.

Destaca, ante todo, la sumisión de este consejo ante el Consejo de Hacienda, dado que cualquier empresa bélica precisaba de la financiación y control de gastos que correspondía a la Hacienda del Estado.

La única secretaría del Consejo de Guerra se desdobló a mediados del siglo XVI en dos: mar y tierra.

A lo largo de este siglo se produce la paulatina especialización del ejército, con consejeros y secretarios que accedían a sus puestos tras una aprobada carrera militar.

Además, en dicho período surgió el problema de cómo tratar asuntos conflictivos que afectaran a los intereses de los diferentes consejos, lo que dio lugar a la creación de juntas de jurisdicción determinada, como la Junta de Galeras o la Junta de Indias.

Entre los funcionarios de este cuerpo destacan las figuras del veedor (ocupado en funciones inspectoras), el contador o interventor de cuentas, el pagador y el tenedor de bastimentos.

En el siglo XVI, pese a que se mantiene el Consejo de Guerra, las competencias centrales fueron progresivamente asumidas por la secretaría del despacho correspondiente. Inicialmente se creó la secretaría del despacho universal, pero posteriormente se produjo la bipartición y la creación de la secretaría del despacho de Guerra y Hacienda, hasta que finalmente se creó un Ministerio de Guerra independiente.

A nivel territorial, los capitanes generales asumían en sus provincias, con el poder civil, la máxima autoridad castrense.

Jerarquía militar

En cuanto a la jerarquía militar, Felipe V introdujo cuatro clases de oficiales generales: capitán general, teniente general, mariscal de campo y brigadier.

La Real Armada

Fue fundada por Felipe V a principios del siglo XVIII y aglutinaba las fuerzas marítimas dispersas. Posteriormente se creó la Compañía de Caballeros Guardias Marinas, cuerpo que incorporó al oficio naval a la nobleza. También se creó la figura del Almirantazgo. Poco más tarde, el marqués de la Ensenada suprimió el Almirantazgo en favor de las Ordenanzas Generales.

Durante el reinado de Carlos III se creó el Cuerpo de Ingenieros de Marina, disponiendo que los tradicionales constructores ya no solo entendieran de barcos, sino también de otras cuestiones tales como el funcionamiento de altos hornos, la conservación de montes, etc.

Destaca la Ordenanza de Arsenales, que decantaba el protagonismo de las reformas navales en favor de los militares.

A finales del siglo XVIII, y ya bajo el mandato del monarca Carlos IV, se suceden las disputas militares y se llega a la reaparición de la figura del Almirantazgo.

La Edad Contemporánea

Organización

Las leyes constitutivas del ejército desarrollan los grandes principios sobre el ejército contenidos en las constituciones, y aparecen con rango intermedio.

La Ley de 1821 definió a la fuerza militar nacional como: «el conjunto de todos los españoles que armados velan por la patria en su defensa». Distingue entre tropas terrestres y marítimas, así como entre tropas de continuo servicio y milicias locales.

La ley se ocupaba de los problemas de reclutamiento, la organización en comandancias o distritos militares, el régimen de ascensos, la fijación en el empleo y el fuero militar.

La Ley de 1878 establecía la obligatoriedad de todos los españoles de concurrir con las armas a la defensa de la patria, encargando a las Cortes fijar cada año la fuerza militar permanente de mar y tierra. Dos años después, una nueva ley reorganizaría la estructura castrense, fueros, deberes y derechos de los militares, edades de retiro, etc., y a su vez anunciaría la publicación de leyes posteriores de carácter militar.

La Ley de 1889 incluía preceptos relativos a la obligatoriedad del servicio militar; el sistema de ascensos se basaría en la antigüedad y se suprimiría la dualidad de empleos.

Organización militar

En cuanto a la organización militar, a su cabeza se situaba el monarca, a quien la Constitución de Cádiz ya le atribuyó el mando de los ejércitos y la provisión de todos los empleos militares. Por debajo de él, y como responsable directo, se encontraba el ministro de Guerra.

A su vez, y dependiendo del titular del departamento, y con el fin de coordinar la política a seguir, existieron diversas comisiones de generales, entre las que cabe destacar la «Junta Consultiva de Guerra» y la «Junta Superior para la Defensa del Reino».

En cuanto a la organización territorial, la unidad básica fue la capitanía general. Cada provincia de la capitanía general era regida por un gobernador militar.

Las armas eran generales o facultativas. Se componían de infantería y caballería, y estas a su vez de artillería, ingenieros y Estado Mayor.

La necesidad de unificar las enseñanzas obligó a cerrar las academias de armas generales y a crear la Academia General Militar, con sede en Toledo, la cual cerró y fue reabierta por primo de Rivera en Zaragoza.

Junto al ejército profesional y estable, las milicias populares cobraron gran importancia en el siglo XIX. Surgidas durante la Guerra de la Independencia, darían paso más tarde a la llamada Milicia Nacional.

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