Historia del Ferrocarril en España: Retraso, Inversión Francesa y la Crisis de 1864

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El Desarrollo del Ferrocarril en España: Contexto y Fuente Historiográfica

Este texto es de carácter historiográfico y económico, basado en una investigación realizada por Gabriel Tortella. Procede de su obra titulada Historia económica de los siglos XIX y XX, publicada en 1994. Tortella, economista y catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, es especialista en historia económica contemporánea.

El documento no tiene vocación de ser un texto de difusión, sino que está dirigido a especialistas o estudiosos de la materia. Su objetivo principal es examinar la construcción del ferrocarril en España, señalando las causas de su retraso, la modalidad de su construcción y los problemas derivados de su implementación.

Contexto Histórico: El Ferrocarril como Motor de la Modernidad

El ferrocarril se consolidó como el principal medio de transporte del siglo XIX y un símbolo de industrialización y modernidad. Originado en el Reino Unido para el transporte de carbón, se expandió rápidamente como un medio esencial para el traslado de mercancías y personas a nivel global.

En España, su desarrollo fue limitado durante la primera mitad del siglo XIX, coincidiendo con la consolidación del Estado liberal. La expansión decisiva ocurrió durante el reinado de Isabel II. Específicamente, el Bienio Progresista (1854-1856) y los gobiernos posteriores de Narváez y O’Donnell impulsaron la construcción de las primeras grandes líneas ferroviarias, marcando un hito en la modernización nacional.

Comentario Histórico-Económico: La Necesidad y el Retraso Ferroviario Español

El autor señala que el ferrocarril era crucial para España debido a su compleja orografía, que dificultaba las comunicaciones y la articulación de un mercado nacional. Sin buenas infraestructuras, era casi imposible articular un mercado nacional. A pesar de esta urgencia, el desarrollo fue lento. Hasta mediados del siglo XIX, solo existían líneas cortas, como:

  • Barcelona-Mataró (1848)
  • Madrid-Aranjuez (1851)
  • Gijón-Langreo (1853)

Factores Determinantes del Retraso

El retraso se atribuyó a tres factores principales:

  1. El subdesarrollo económico.
  2. La ineptitud gubernamental.
  3. La falta de inversiones.

España se hallaba en un círculo vicioso: sin ferrocarril, la economía y la industria no podían desarrollarse, pero sin desarrollo económico no había capital para construirlo. La burguesía, beneficiada por la Desamortización de Mendizábal, prefirió invertir en deuda del Estado en lugar de financiar la industria o las infraestructuras.

Obstáculos Políticos y Legislativos

Los gobiernos también mostraron deficiencias en el impulso ferroviario. Hasta 1836, las estructuras del Antiguo Régimen impedían avances, y la Guerra Carlista desvió recursos. Posteriormente, los gobiernos moderados priorizaron los intereses de los terratenientes. La Ley Ferroviaria de 1844, aprobada por Narváez, resultó ineficaz, generando especulación sin una construcción efectiva.

El Gran Impulso (1854-1866): Inversión Extranjera y Expansión de la Red

El verdadero avance se produjo con el Bienio Progresista (1854-1856), mediante una nueva ley que incentivó la inversión extranjera y estatal. Esta legislación facilitó la entrada de capital, materiales y tecnología mediante la exención de aranceles, además de ofrecer subvenciones y garantías a los inversores.

Entre 1856 y 1866, se construyeron más de 4.300 km de vías, financiadas principalmente por capital francés (destacando las familias Rothschild, Prost y Pereire).

Problemas Derivados de la Rápida Construcción

La celeridad en la construcción generó serios problemas estructurales y económicos:

  • Diseño Radial: La red se planificó con un modelo radial centrado en Madrid, lo que obstaculizó la conexión eficiente entre zonas industriales vitales (Cataluña, Asturias y el País Vasco).
  • Ancho de Vía Diferente: Se adoptó un ancho de vía distinto al estándar europeo, lo que resultó en el aislamiento de España del resto del continente.
  • Crisis Financiera: La financiación excesiva basada en crédito y la especulación bursátil culminaron en la crisis financiera de 1864.

Muchas compañías ferroviarias se volvieron deficitarias, incapaces de recuperar sus inversiones. Esta situación provocó una crisis económica generalizada que afectó a la sociedad y contribuyó significativamente a la caída del régimen isabelino. Pese a estos errores de planificación, el ferrocarril logró establecer una red básica y aportó beneficios sociales al facilitar la movilidad interna del país.

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