Historia y Tendencias del Teatro en España (1939-Presente)

Clasificado en Lengua y literatura

Escrito el en con un tamaño de 7,8 KB

El Teatro desde 1939 hasta nuestros días

Años 40: Teatro de evasión y humor

Las consecuencias de la Guerra Civil también afectaron al teatro, al igual que ocurrió con la poesía y la prosa. Algunos escritores exiliados intentaron, sin demasiado éxito, abrirse camino en el mundo del teatro allí donde fijaron su residencia; sin embargo, solo lo consiguió Alejandro Casona (con obras como La dama del alba o Los árboles mueren de pie) en Argentina.

En España sigue triunfando el teatro burgués de Benavente, que defendía los valores tradicionales y mantenía una estructura escénica convencional. Por otra parte, también sigue cultivándose un teatro de humor, revitalizado por el ingenio de Enrique Jardiel Poncela, cuya obra fundamental se estrenó en 1940: Eloísa está debajo de un almendro.

También destaca Miguel Mihura, cuya obra más representativa es Tres sombreros de copa, estrenada en 1952, veinte años después de ser escrita. Es una comedia que satiriza la rutina y mediocridad de la burguesía de provincias y la no menos miserable vida del teatro de variedades. En ella se enfrentan dos mundos y dos concepciones de la vida: la vida burguesa y prosaica de Dionisio frente a la vida poética y de libertad de Paula.

Años 50: Teatro existencialista y social

Se trata de una década en la que la censura afectó singularmente al teatro, ya que no solo se censuraban los textos, sino que los ensayos y las representaciones estaban sometidos a un rígido control y podían ser suspendidos en cualquier momento. A pesar de ello, algunos autores escribieron un teatro existencial con preocupaciones más hondas, centrado en asuntos como el sentido de la existencia, la condición humana o la frustración de ilusiones, aunque se vieron relegados a círculos universitarios o a compañías de aficionados.

Otra vertiente fue el teatro social que, al igual que en poesía y novela, trataba de dar testimonio de los problemas sociales más candentes. Destacan en esta década autores que aportan novedades al panorama teatral español:

  • Antonio Buero Vallejo (1916-2000): Cultiva un teatro existencial o realista, más preocupado por los problemas sociales y menos convencional que el anterior. Su obra Historia de una escalera (estrenada en 1949) abre esta tendencia; trata de tres generaciones de vecinos modestos que ven cómo el tiempo va destruyendo sus ilusiones. El autor refleja el inmovilismo social y la imposibilidad de algunas personas para mejorar su situación, al tiempo que denuncia las condiciones de vida de ciertos grupos sociales. Otra obra significativa es En la ardiente oscuridad (1950), centrada en una institución para ciegos resignados; solo uno toma conciencia de la realidad e intenta rebelarse, pero acaba asesinado. El autor usa aquí el símbolo de la ceguera como recurso fundamental.
  • Alfonso Sastre (1926): Aporta sus ideas sobre el nuevo teatro de testimonio y compromiso en obras como Muerte en el barrio o La cornada. Sastre entiende que la finalidad fundamental del teatro debe ser la denuncia como elemento revolucionario más que estético; cree que los argumentos deben testimoniar la realidad para intentar cambiar la sociedad. En 1953 pudo estrenar Escuadra hacia la muerte, una obra antibelicista sobre la rebelión de unos soldados. Más tarde escribiría sobre el autoritarismo y la tiranía en La mordaza o Tierra roja.

Años 60 y 70: Renovación formal

Los autores teatrales de principios de los sesenta obtienen, por lo general, un éxito sonado, ya que en su mayoría se avienen al gusto del público (teatro comercial). Pero también hubo autores que fijaron su atención crítica en los problemas de los desheredados bajo la dictadura (teatro social), siguiendo la estela de Buero Vallejo, con ambientes populares y de barriada.

Dentro del teatro comercial, siguen triunfando las comedias de Mihura, Jaime Salom, Jaime de Armiñán y Ana Diosdado. Entre los nuevos sobresale Antonio Gala, cuyo primer drama, Los verdes campos del Edén (1963), presenta a personajes obligados a vivir en un panteón familiar. Otra obra de gran atractivo fue Anillos para una dama, donde Jimena, viuda del Cid, debe resignarse a su papel histórico a pesar de su amor por Minaya.

La experimentación

Al igual que en la narrativa y la poesía, los nuevos autores consideran agotado el realismo social y buscan nuevas propuestas estéticas. Aunque se oponen a los "realistas", sus obras no están exentas de crítica social. Muchas no encontraron facilidades para ser representadas, ya sea por la censura o por sus audacias formales.

Lo más peculiar es el teatro de Fernando Arrabal. Sus características incluyen la imaginación, elementos surrealistas, lenguaje infantil y la ruptura con la lógica (ej. El triciclo, 1953). Exiliado en Francia, sus obras se encuadran en el llamado teatro pánico, un teatro total que exalta la libertad creadora y busca la provocación y el escándalo. Destacan El laberinto (1956), Oye, Patria, mi aflicción (1975) y Pic-nic.

En los últimos años del franquismo destaca el fenómeno del teatro independiente, con grupos como Los Goliardos, Tábano, Els Joglars, Els Comediants, La Fura dels Baus y Aquelarre.

Desde 1975: El teatro en democracia

Finalizada la dictadura y eliminada la censura, parecía abrirse una etapa prometedora; sin embargo, la crisis del teatro español se hizo más evidente. Un fenómeno importante ha sido la creación de instituciones teatrales oficiales, como el Centro Dramático Nacional, el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas y la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Francisco Nieva es probablemente el dramaturgo experimental más importante de la segunda mitad de siglo. Ligado al grupo de los postistas, su teatro transita por lo surrealista, lo onírico y lo fantástico. Nieva subdividió su obra en:

  • Teatro de crónica y estampa: De estética más realista.
  • Teatro de farsa y calamidad: Donde prima lo irracional.
  • Teatro furioso: Caracterizado por la liberación del subconsciente y la ruptura de todo corsé teatral (ej. Pelo de tormenta, Nosferatu, Te quiero zorra).

Otros autores destacados de esta época son:

  • Sanchís Sinisterra: Autor de ¡Ay, Carmela! (1986).
  • José Luis Alonso de Santos: Autor de Bajarse al moro (1985).
  • Fernando Fernán Gómez: Con la emblemática Las bicicletas son para el verano.
  • Paloma Pedrero: Besos de lobo (1991).
  • Ignacio Amestoy: Premio Nacional de Teatro con Cierra bien la puerta (2002).

Entradas relacionadas: