Impacto Psicosocial de la Enfermedad: El Rol del Paciente y la Experiencia Hospitalaria
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El Rol del Paciente: Perspectiva Psicosocial
Fase I: Sentirse Enfermo
La enfermedad comienza para una persona cuando sufre manifestaciones de que “algo no funciona” y estas son tan intensas que se considera enferma. El ambiente familiar y social frena o acentúa esta alarma. Es crucial distinguir entre “estar enfermo” y “ser un paciente”. Se es paciente cuando se pide ayuda a un profesional sanitario, quien determinará si la persona está enferma o no. Aunque no todas las personas reaccionan igual ante la enfermedad, hay unas pautas de conducta que se repiten en la mayoría de ellas.
Las Pautas de Conducta del Enfermo
Miedo a conocer el diagnóstico: Este miedo aparece antes de consultar al médico y persiste durante el proceso diagnóstico. El paciente siente trastornos más o menos importantes, pero no sabe si está realmente enfermo, si podrá curarse, o si la gente de su entorno se desenvolverá sin él. Sufrirá más o menos ansiedad, según los mecanismos de defensa que suela usar.
Aceptación del diagnóstico: Ocurre en el momento de conocer el diagnóstico. Algunos pacientes prefieren que les digan que no tienen nada, o lo niegan atribuyendo las molestias a la fatiga o a enfermedades menos graves.
Aceptación de la enfermedad: El enfermo acepta que sufre la enfermedad y las consecuencias que conlleva. Se centra en sí mismo y en el problema que vive, accede al rol y al estatus de “Enfermo” con los problemas y las ventajas que esto implica: puede comportarse de manera egoísta, quejándose continuamente de la asistencia que recibe.
Desenlace: Varía según la enfermedad. Si es curable y el tratamiento es eficaz, el enfermo se sentirá optimista con la curación completa. Después, le costará asumir de nuevo sus responsabilidades. Si el pronóstico es fatal, el paciente sufrirá física y psicológicamente y, durante cierto tiempo, será totalmente dependiente del personal que lo cuida. Experimentará miedo, ansiedad e incluso preocupaciones religiosas.
Fase II: Ingresar en el Hospital
Nadie quiere ingresar en el hospital; lo que se quiere es curarse. La hospitalización es un acontecimiento no deseado ni planificado y, por lo tanto, estresante. Uno deja su casa para entrar en una institución que tiene unas exigencias específicas, donde la persona se convierte en un cuerpo-objeto. El paciente sufre agresiones a su identidad:
Agresiones a la Identidad del Paciente Hospitalizado
Aislamiento del mundo exterior: Se aísla de la familia, de la casa, del trabajo, etc. Es un aislamiento físico con restricciones para salir del hospital o para moverse en su interior. El ambiente extraño (muebles, colores, ruidos, olores) limita la comunicación con el personal sanitario o entre los propios pacientes.
Despersonalización causada por:
- La ropa o pertenencias del paciente, sustituidas por las del hospital.
- El ocio que favorece la pasividad.
- El hecho de que el paciente no puede modificar su entorno.
Pérdida de intimidad: Sus antecedentes y cuerpo se hacen públicos y permanentemente accesibles a gran cantidad de personas, sobre todo en los hospitales docentes, donde la discusión de su caso a la cabecera de la cama puede perturbar al paciente, especialmente si se revelan datos confidenciales de la historia clínica.
Dependencia:
- El enfermo se ve obligado a seguir unas reglas nuevas que el personal le exige con su actitud autoritaria.
- Los profesionales hablan un lenguaje poco comprensible y tienden a dar pocas explicaciones, produciéndose una falta de comunicación con el enfermo.
- El paciente tiene que pedir todo lo que necesita.
- El enfermo pierde su apoyo social al estar separado de su entorno.
Roles de Adaptación a la Hospitalización
En general, se trata al paciente como algo que es preciso arreglar y no como a una persona. La hospitalización es un acontecimiento vital y angustioso porque la persona está enferma y sus recursos para enfrentarse a la tensión disminuyen. Como respuesta a la hospitalización, la mayoría de los enfermos adoptan el rol de «Buen Paciente», obedeciendo las órdenes, preguntando poco y quejándose menos.
El personal suele reforzar el aprendizaje de este rol. Otros asumen el rol de «Mal Paciente», con quejas al personal, pidiendo con demasiada frecuencia y solicitando más atención, cooperando poco y desafiando a veces al personal rehusando la comida y el tratamiento.
La actitud del Buen Paciente es cómoda para el personal, pero no apropiada para sí mismo, porque se hace pasivo y dependiente, no busca información, no toma decisiones y no adopta actitudes de autocuidado. La actitud airada del Mal Paciente perturba la relación con el personal, que puede terminar ignorando sus quejas y peticiones, incluso dejando pasar alguna importante.