La Influencia de la Vida de Miguel Hernández en su Obra Poética
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Comenzamos con la vida de Miguel Hernández, que influyó en su trayectoria. En el periodo comprendido entre 1925 y 1931, su principal fuente de inspiración es el entorno en el que vive: la huerta de Orihuela, su patio, la montaña, las cabras, etc. El periodo comprendido entre 1931 y 1936 está marcado por los dos viajes que realiza a Madrid. Escribe Perito en lunas, donde toma como materia poética los elementos naturales y cotidianos de su vida de pastor, claramente transformados a partir de sus lecturas juveniles de los clásicos y de sus coetáneos: JR Jiménez y Jorge Guillén.
Relaciones y Creaciones en Madrid
En su segundo viaje a Madrid, más afortunado que el primero, comienza a relacionarse con grandes poetas como Alberti, Rosales, Aleixandre y Neruda. Formaliza su noviazgo con Josefina Manresa y, a partir de este momento, el poeta toma su propia vida con todo su amor y dolor y lo transforma en poesía en El rayo que no cesa.
Producción Poética entre 1937 y 1942
Durante el periodo comprendido entre 1937 y 1942, publica Viento del pueblo y El hombre que acecha. Con Viento del pueblo, la vida sigue siendo la protagonista de su poesía, pero desaparece el protagonismo del “yo” de Perito en lunas, que pasa a un “vosotros”. Defiende una causa y su obra presenta un fuerte vitalismo optimista y heroico.
La Oscuridad de la Guerra
En El hombre que acecha, la derrota de la guerra se siente cercana y la muerte inunda todo con su oscuridad y frialdad: Hoy, el amor es muerte / y el hombre acecha al hombre.
La Poesía de la Ausencia y el Amor
El nacimiento y muerte de su primer hijo, y el nacimiento de su segundo, provocan una serie de poemas en su libro Cancionero y romancero de ausencias; se trata de una poesía sin ninguna intención más allá de la expresión de sus sentimientos vitales más íntimos, como en “Nanas de la cebolla”. Una inmensa sed de amor habita el corazón del poeta, amor que sobrepasa el amor personal.
Evolución Temática
Tras la incomprensión suscitada por Perito en lunas, se da una evolución de lo religioso a lo erótico. En El rayo que no cesa, el amor se realiza desde el sentimiento sensual. El poeta se inspira a la vez en la ausencia de la amada. Destacan los poemas “Me llamo barro” y “Elegía a Ramón Sijé”.