El Inicio de la Revolución Francesa: De los Estados Generales a la Monarquía Constitucional (1789-1792)
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Desarrollo de la Revolución Francesa (1789-1799)
Convocatoria de los Estados Generales
El proceso revolucionario se inició debido a una profunda crisis financiera. El rey Luis XVI se enfrentó a un dilema: continuar endeudando al Estado o implementar una reforma fiscal que afectara a los estamentos privilegiados. Sus ministros de Hacienda propusieron obligar a la nobleza y al clero a pagar impuestos, pero estos se negaron rotundamente.
Los estamentos privilegiados se opusieron a los nuevos impuestos, alegando que solo los Estados Generales tenían la autoridad para aprobar cualquier reforma fiscal. Exigieron su convocatoria, una idea promovida por figuras como La Fayette. Los Estados Generales eran una asamblea del reino de origen medieval, que no se había reunido desde 1614, en la que los representantes de la nobleza, el clero y el Tercer Estado (el común) se reunían. Históricamente, habían concedido ayudas económicas extraordinarias a la monarquía y formulaban quejas a la corona a través de los llamados "cuadernos de quejas", que el rey aceptaba o rechazaba libremente.
Durante la elección de representantes, cada estamento redactó sus cuadernos de quejas (cahiers de doléances), donde se reflejaban sus peticiones. El Tercer Estado, en sus cuadernos, reivindicaba la abolición de la monarquía absoluta, la supresión de los privilegios estamentales y un reparto más justo de los impuestos.
La reunión de los Estados Generales, convocada y presidida por Luis XVI, se inauguró el 5 de mayo de 1789. El Tercer Estado había conseguido previamente del rey que su número de representantes fuera igual a la suma de los del clero y la nobleza.
Primera Fase: La Monarquía Constitucional (1789-1792)
Asamblea Nacional Constituyente
Ante el intento del rey de restar oficialidad a sus deliberaciones clausurando la sala de sesiones, los representantes del Tercer Estado se refugiaron en la sala del Juego de Pelota (Jeu de Paume). Allí, el 20 de junio de 1789, prestaron el famoso Juramento del Juego de Pelota, comprometiéndose a seguir reunidos y no abandonar la asamblea hasta haber dotado a Francia de una Constitución. Este acto transformó la reunión en la Asamblea Nacional Constituyente.
Elaborar una constitución significaba establecer leyes fundamentales que plasmaran el principio de legalidad frente a la monarquía absoluta, creando un poder legislativo. Estos hechos consumaron el primer acto de la revolución burguesa.
Respaldo Popular
Al mismo tiempo que esta revolución jurídica, se produjo un importante respaldo popular a estos hechos revolucionarios, tanto en las ciudades como en el campo:
- En la ciudad: La concentración de tropas reales en los alrededores de París se interpretó como un intento de disolver la Asamblea por la fuerza. Esto provocó revueltas populares y disturbios callejeros, que culminaron con la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, prisión considerada símbolo del absolutismo real. Los revolucionarios se organizaron en una milicia armada (la Guardia Nacional) para oponerse a la monarquía.
- En el campo: Los campesinos, temerosos de una reacción violenta de los señores y de la acción de bandidos, se armaron y asaltaron las mansiones señoriales. Este periodo de revueltas antiseñoriales es conocido como "El Gran Miedo" (La Grande Peur).