El Intelectualismo de Santo Tomás de Aquino y la Estructura de la Ley
Clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 2,31 KB
El Intelectualismo de Santo Tomás de Aquino
Finalmente, con Santo Tomás de Aquino aparece la opción intelectualista, que terminó imponiéndose. Sus seguidores consideran que la ley natural no es expresión de lo bueno y justo porque tenga su origen en un mandato divino, sino que tiene su origen en Dios precisamente porque expresa lo bueno y lo justo.
Para el intelectualismo, el pecado original introduce el mal en el mundo, pero no hasta el punto de corromper por completo la naturaleza, la cual es perfectamente identificada por el hombre mediante la razón. La gracia viene a completar o enriquecer a la naturaleza, no a sustituirla.
Clasificación de las Leyes según el Tomismo
- La ley eterna: Es aquella que ordena el universo y asigna a cada cosa su lugar y su fin propios. Solo se muestra a Dios y a los santos; el resto de los hombres solamente pueden conocerla por sus efectos.
- La ley natural: Es la participación de la ley eterna en la criatura racional. Es más imperfecta, pues es tan solo un proyecto de la ley eterna, pero es “más ley” en el sentido de que solo ella es por completo norma de razón, dado que la ley eterna afecta también a las criaturas irracionales. La máxima premisa de la ley natural conocida es que “se debe obrar y proseguir el bien y evitar el mal”. Por lo demás, hemos de indicar que solo los principios fundamentales y primarios señalados por la ley natural son accesibles a todo hombre, mientras que no ocurre así con sus principios derivados. Finalmente, vemos cómo se entiende que el Derecho natural es una participación en la ley eterna.
- Las leyes humanas: Dictadas por quienes están al cuidado de la comunidad o producidas mediante la costumbre, son también obra de la razón por cuanto han de resultar conformes con la ley natural. En este sentido, una ley corrompida (contraria al derecho natural) es, sin duda, una ley injusta, pero no por ello inexistente. Aquí Santo Tomás distingue entre la ley injusta que debe ser obedecida para evitar el desorden y la ley contraria a la ley divina ordenada por Dios (que no eterna), que de ningún modo debe cumplirse.