Interpretación y Estructura del Romance de la Luna, Luna de Federico García Lorca
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Resumen del Argumento
Un niño gitano está muriendo y, en su lecho de muerte, dialoga con la Muerte (simbolizada por la luna en la obra de Lorca), suplicándole que no lo lleve con ella. Cuando los gitanos llegan a la fragua, el lugar donde yace el niño, se sumen en una profunda tristeza.
Estructura del Poema
El poema se divide en tres partes claramente diferenciadas:
- Versos 1-8: Narrador (Introducción y presentación de la escena).
- Versos 9-20: Diálogo entre la Luna y el Niño (Clímax dramático).
- Versos 21-36: Narrador (Desenlace y consumación de la tragedia).
Primera Parte: Introducción y Simbolismo (Versos 1-8)
Se realiza una breve y poética narración que introduce simbólicamente el tema y presenta la escena. Como se puede advertir, el poema comienza con una prosopopeya mediante la cual la luna, dotada de atributos femeninos, se presenta en la fragua, es decir, en el ámbito de los gitanos.
Sabemos que para Lorca la luna es símbolo de muerte, aunque al principio de la composición no nos muestra todavía su guadaña. El poema utiliza el tiempo verbal característico de la narración: el indefinido vino. Este uso, además de situar en un espacio narrativo, supone la adopción de un punto de vista interno respecto del espacio de la acción, ya que se dice vino en lugar de fue; es decir, el propio Lorca se siente testigo de todo lo que acontece en el poema.
Frente al pasado narrativo vino, se encuentra el presente la mira, mira, que actualiza la acción y lleva de la narración de un hecho que ya pasó a la contemplación presente de la escena, invitando al lector a sumergirse en ese mundo. Por último, en cuanto a la caracterización de los personajes, se opone la actitud activa de la luna frente a la actitud pasiva y contemplativa del niño, lo cual anticipa el desarrollo y desenlace del romance.
Segunda Parte: El Diálogo y el Clímax (Versos 9-20)
El diálogo hace que la dramatización alcance su máximo auge en el poema. Se pasa del estilo indirecto al directo sin un verbo introductorio que sirva de puente. Dicho diálogo se halla repartido equilibradamente entre los dos personajes, tanto por el número equivalente de versos dedicados a uno y otro como por el uso de la anáfora.
El niño, con sus temores y su inocencia infantil, ordena a la luna que huya («Huye luna, luna, luna»), se aferra a la vida y se niega a morir. La réplica de la luna nos muestra a un ser aristocrático, distante y seguro de sí. No accede a dar marcha atrás y lleva a cabo su misión.
Tercera Parte: Consumación de la Tragedia (Versos 21-36)
El narrador vuelve a intervenir para hacernos ver que la acción se ha consumado, que el presagio del canto de la zumaya no es más que una inminente realidad. Solo queda el llanto de los gitanos, el dolor en soledad ante la tragedia, bajo la figura de la inocencia que se desvanece sin que se pueda hacer nada por evitarlo.
Estudio de la Métrica
Como su nombre indica, el Romance de la luna, luna es un romance, una estrofa compuesta por una serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los pares, mientras que los versos impares quedan sueltos.