Intervención Extranjera y Apoyos en la Guerra Civil Española: 1936-1939

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La Guerra Civil Española (1936-1939): Un Conflicto de Repercusiones Internacionales

Interpretaciones Historiográficas

La Guerra Civil Española (1936-1939) ha sido objeto de diversas interpretaciones por parte de los historiadores. Algunos la consideran un preludio de la Segunda Guerra Mundial, un escenario donde las fuerzas democráticas y comunistas se unieron contra el avance del fascismo y el nazismo. Otros, en cambio, la perciben como un conflicto más bien marginal dentro del panorama histórico mundial.

La Intervención Extranjera: Un Factor Decisivo

La intervención extranjera jugó un papel crucial en el desarrollo y desenlace del conflicto. Los sublevados, liderados por el general Francisco Franco, recibieron un apoyo fundamental de la Italia fascista de Benito Mussolini y la Alemania nazi de Adolf Hitler. Estos regímenes buscaban fortalecer sus ejércitos, expandir su influencia ideológica y obtener ventajas estratégicas en la región.

El Comité de No Intervención y el Aislamiento de la República

A nivel internacional, se promovió una política de neutralidad ante la guerra. Sin embargo, la creación del Comité de No Intervención, impulsado principalmente por Francia y Gran Bretaña, solo sirvió para aislar a la Segunda República Española. Esta política, en la práctica, favoreció a los sublevados, quienes continuaron recibiendo apoyo de las potencias fascistas.

Como consecuencia, el Gobierno republicano enfrentó serias dificultades para aprovisionarse de armamento y recursos, mientras que los sublevados recibían ayuda con mayor facilidad.

El Apoyo de Alemania e Italia a los Sublevados

Alemania e Italia proporcionaron una ayuda significativa a los sublevados, en gran parte a crédito, con la expectativa de obtener beneficios estratégicos y económicos a largo plazo. Enviaron unidades militares, como el Corpo di Truppe Volontarie (CTV) italiano, y recibieron a cambio materias primas estratégicas de España. No obstante, sus beneficios económicos durante la Segunda Guerra Mundial fueron limitados.

Italia envió aproximadamente 40.000 soldados, mientras que la Legión Cóndor alemana aportó alrededor de 6.000 efectivos, principalmente en aviación, artillería y personal técnico. Ambos países proporcionaron cobertura naval y aérea a los sublevados, además de enviar material bélico de alta calidad.

Portugal, bajo la dictadura de António de Oliveira Salazar, y el apoyo diplomático del Vaticano también respaldaron a los nacionalistas.

La Neutralidad de las Democracias Occidentales

En contraste, las democracias occidentales, como Gran Bretaña y Francia, optaron por una política de neutralidad. Esta postura se debió en parte a temores internos y a la política de apaciguamiento que mantenían hacia los regímenes fascistas, con la esperanza de evitar una guerra a gran escala.

El Apoyo a la República: México y la Unión Soviética

México y la Unión Soviética fueron los únicos países que apoyaron abiertamente a la República. Proporcionaron municiones y armamento, este último pagado con oro del Banco de España.

Las Brigadas Internacionales: Solidaridad Antifascista

Las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios de diversos países, lucharon en el bando republicano contra el fascismo. Estas brigadas, que llegaron a contar con decenas de miles de combatientes, fueron obligadas a retirarse por el Comité de No Intervención en 1938.

La simpatía de la izquierda mundial y de algunos intelectuales, como André Malraux y George Orwell, contribuyó al reclutamiento de estas brigadas, incluyendo a voluntarios antifascistas provenientes de países como Alemania e Italia.

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