El Legado Arquitectónico de Bizancio: Del Imperio Romano de Oriente a Santa Sofía
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El Imperio Bizantino: Orígenes y Extensión
Bizancio es el nombre con el que se conoce al Imperio Romano de Oriente. Cuando en 475 d.C. cayó el Imperio Romano de Occidente, solo la parte oriental resistió las invasiones germánicas, conformando el Imperio Bizantino. Este estado perduró durante mil años, hasta su caída en 1453 a manos de los turcos otomanos.
Bizancio heredó la cultura griega y la tradición legal latina. Su territorio abarcó las actuales Grecia, Bulgaria, Turquía, Siria y, hasta el siglo VII, Egipto. El momento de mayor expansión territorial ocurrió en el siglo VI bajo el emperador Justiniano, quien reconquistó parte de Italia, el norte de África y el sudeste de la península Ibérica. Tras la posterior invasión árabe, el territorio bizantino quedó reducido principalmente a Anatolia y Grecia.
Características de la Arquitectura Bizantina
Los grandes edificios bizantinos fueron principalmente templos cristianos. Su arquitectura se caracteriza por:
- Fusión de estilos: Combinan la planta basilical del mundo romano con la planta centralizada (a menudo de cruz griega) del mundo oriental. Incluso las grandes basílicas bizantinas, aun teniendo planta longitudinal, frecuentemente se coronan con una gran cúpula central.
- Contraste Exterior-Interior: Existe una marcada diferencia entre las fachadas, generalmente sobrias y con poca decoración, y los interiores, ricamente ornamentados.
- Innovaciones Estructurales:
- La pechina: Es uno de los avances técnicos más significativos de la arquitectura bizantina. Permite la transición de una base cuadrada o poligonal a una cúpula circular, soportando su peso.
- Tratamiento de empujes: Se desarrolló un complejo sistema para contrarrestar los empujes generados por las cúpulas y bóvedas, utilizando semicúpulas, bóvedas de cañón y robustos contrafuertes exteriores que dotaban de gran estabilidad a los edificios.
- Materiales: Se utilizó fundamentalmente el ladrillo, a menudo revestido con mortero o placas de mármol en el interior y enlucido en el exterior.
- Elementos Interiores: La separación de las naves se realiza mediante arquerías de medio punto. Sobre las naves laterales, es común encontrar una galería columnada denominada tribuna.
Santa Sofía: Joya de la Arquitectura Bizantina
La basílica de Santa Sofía (Hagia Sophia) en Constantinopla (actual Estambul), dedicada a la Sabiduría Divina, es el ejemplo más emblemático. Fue mandada construir por el emperador Justiniano en el siglo VI como símbolo clave de su poder religioso y político. Encargó la obra a los arquitectos y matemáticos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto.
Su elemento más distintivo es la inmensa cúpula central, con unos 32 metros de diámetro y situada a más de 40 metros de altura. Esta cúpula descansa sobre cuatro pechinas, que trasladan las tensiones a grandes pilares y, a su vez, a los contrafuertes exteriores y semicúpulas adyacentes. En el interior, la nave central se separa de las laterales mediante arquerías sobre las que se sitúa la tribuna.
Originalmente, todo el templo estaba profusamente decorado con mosaicos. Las teselas (pequeñas piezas) eran de materiales preciosos como oro, plata y piedras de colores. Este conjunto lograba que la luz, tanto natural como de las lámparas, se reflejara creando multitud de matices e irisaciones, generando un ambiente mágico que buscaba trasladar al fiel al mundo celestial.
Legado e Influencia Bizantina
La influencia de la arquitectura bizantina se extendió más allá de sus fronteras y de su tiempo. En el siglo XII, Venecia levantó la Basílica de San Marcos siguiendo el modelo bizantino, aunque incorporando elementos góticos posteriores.
Finalmente, tras la conquista otomana de Constantinopla en 1453, las grandes mezquitas imperiales construidas en Estambul, como la famosa Mezquita Azul, siguieron el modelo estructural y espacial de Santa Sofía, adaptándolo a las necesidades del culto islámico.