El Legado de Jesús y la Misión de la Iglesia en el Mundo
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El Legado de Jesús y el Soplo del Espíritu
Hay personas que transmiten tristeza o desánimo. Otras contagian ilusión, serenidad, ánimos y ganas de vivir. Jesús fue una de estas personas: contagió su manera de ser, su espíritu.
El soplo del Espíritu
Un día se encontraban los discípulos reunidos rezando con María, la madre de Jesús. Notaban cómo penetraba dentro de ellos el Espíritu de Dios. En ese momento sintieron que Jesús les había contagiado las cosas que él había vivido.
Querían colaborar con Jesús para que se cumpliera la voluntad del Padre; que su amor y ternura lleguen a todos los hombres y mujeres del mundo. Querían colaborar con Jesús a amar y preocuparse por todos los hombres y mujeres, especialmente por:
- Los más pobres.
- Los más pequeños.
- Los que nadie quiere.
- Los enfermos.
Querían colaborar con Jesús para que se cumpliera el plan salvador del Padre.
El mensaje y el ejemplo de Jesús se extienden
El libro de los Hechos de los Apóstoles narra cómo vivían los primeros cristianos. También nos cuenta las primeras persecuciones que sufrió la comunidad cristiana. Los discípulos de Jesús empezaron a explicar a todos la vida de su Maestro:
- Se reunían en comunidades, en las casas, para escuchar y hablar juntos de las cosas que habían dicho y hecho Jesús.
- Repetían su gesto de unión al compartir el pan y el vino, tal como lo había hecho él en la cena de despedida.
- Compartían lo que tenían, haciendo el bien a todos.
El Espíritu seguía con ellos dándoles fuerza y ayudándoles a extender el mensaje de Jesús.
Este feliz contagio sigue hasta nuestros días
Quienes aceptan hoy vivir como Jesús, con la fuerza de su Espíritu, forman lo que llamamos la Iglesia. La Iglesia es la prolongación a través de los tiempos —21 siglos después— de la presentación de Jesús.
La Iglesia, el cuerpo de Jesús
Llaman a la Iglesia el Cuerpo de Cristo. Porque sus seguidores forman como un cuerpo:
- Unos prestan a Jesús sus manos para que siga acariciando y ayudando a quienes lo necesitan.
- Otros prestan su voz para seguir animando y transmitiendo con sus palabras las enseñanzas del Maestro, denunciando las situaciones injustas y transmitiendo ilusión y esperanza.
- Otros prestan su corazón para que, sin cerrarse en el amor a nadie, amen y se entreguen a todos por igual.
¿Y la cabeza? ¡Falta la cabeza! La cabeza es Jesús, quien sigue vivo, rige, anima y está al frente de todos.