El Liberalismo Español del Siglo XIX: Militares y Desamortización en la Construcción del Estado Liberal

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La Influencia Político-Militar en el Liberalismo Español del Siglo XIX

Salvador de Madariaga se muestra extraordinariamente crítico con el liberalismo español decimonónico, sobre todo por la importancia que tuvo en su desarrollo la presencia militar, a la que califica como la “maldición de España en los tiempos modernos”. En este sentido, Madariaga aplica la tradición liberal que considera que el ejército evitó el pleno desarrollo civil del liberalismo, a diferencia de países como Inglaterra. Esta teoría era muy del gusto de intelectuales como Ortega y Gasset o Marañón.

Para Madariaga, no existen diferencias sustanciales entre militares progresistas y reaccionarios; predomina por encima de las ideologías el propio carácter militar, basado en principios como el orden, el autoritarismo y el desprecio a lo intelectual.

Las razones que podrían explicar esta unión del ejército con el “pensamiento reaccionario” serían:

  • La enseñanza militar, impartida primero en los Colegios Militares y después en las Academias.
  • El papel que los capitanes generales de las provincias desempeñaban, donde proclamaban los estados de excepción por su cuenta y riesgo, disolviendo ayuntamientos o diputaciones según su criterio.

El Caso de Narváez: Contradicciones del Liberalismo

Un ejemplo de militar reaccionario, según Madariaga, es Narváez. A pesar de su papel en el liberalismo, actuó contra los absolutistas en el Trienio Liberal y contra los carlistas en la Regencia de María Cristina. Participó en el golpe militar de 1843 y ocupó en diferentes ocasiones la jefatura del Gobierno al frente del moderantismo. Narváez es, para Madariaga, un claro ejemplo de las contradicciones del liberalismo español.

Sin embargo, la visión que ofrece Madariaga es poco sostenible tal como entendemos en la actualidad la política isabelina. No fue la imposición militar la que arrumbó el poder civil, sino, por el contrario, la debilidad de los partidos y el falseamiento sistemático de las elecciones lo que llevó a fijarse en militares al frente de los partidos y al pronunciamiento (que nunca fue solo militar) como mecanismo para alcanzar el poder.

La Desamortización de Mendizábal: Justificación y Consecuencias

Mendizábal justifica la necesidad de realizar una desamortización sobre los bienes “que han venido a ser propiedad del Estado”, refiriéndose a los patrimonios de las órdenes regulares, que fueron nacionalizados por el Estado en octubre de 1835. Los conventos, según su visión, “eran inútiles y perjudiciales”, atendiendo al concepto de “manos muertas” propio de la Ilustración, ya anticipado por autores como Olavide o Jovellanos.

La nueva ley aplicaba el concepto utilitarista de la riqueza que había adoptado el liberalismo: la puesta en el mercado español de una parte importante de tierras debía permitir una mayor riqueza en su producción, que se traduciría de manera inmediata en el trasvase de dicha riqueza a otras formas productivas. La realidad, sin embargo, no fue tan optimista. Una parte de las ventas se siguió cultivando para la obtención de rentas por parte de los nuevos propietarios, quienes a su vez las invertían en negocios especulativos, lo que no repercutió directamente en el sector secundario.

Objetivos y Resultados de la Desamortización

Otro objetivo fundamental era rebajar de manera significativa la abundante deuda estatal, estimada en más de 5.000 millones de reales y ampliada por los gastos de las guerras carlistas. Además, tenía un claro objetivo político: “crear nuevos y fuertes vínculos” con el sistema liberal, forjando una nueva capa de propietarios que ligaban sus nuevas adquisiciones al resultado final de la guerra.

En cuanto a los compradores y el impacto territorial:

  • En el norte y en algunos casos del centro peninsular abundaron compradores de la mediana propiedad, que fortalecieron su condición de burguesía rural.
  • En el sur, sin embargo, predominaron los hacendados que fortalecieron el latifundio.
  • Fueron también numerosos los compradores urbanos: burguesía de negocios y profesionales que vieron en la adquisición de tierras un negocio sugerente.

Algunos coetáneos, como Florez Estrada, criticaron la no utilización de la desamortización para favorecer más claramente a la pequeña propiedad.

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